El 2020 está aquí. Después de las fiestas decembrinas hemos despertado esta semana con dos novedades: la rosca de reyes y un enero ya muy empezado.

     

    Si todavía estás desperezándote después de un cierre de año muy movido, es hora de cambiar la situación. Evaluar nuestro desempeño en diciembre no tiene gracia por qué ya no hay nada que hacer, pero si desde enero revisamos cómo vamos y en qué podemos mejorar, podremos hacer los pequeños ajustes necesarios para tener un año excelente.

     

    Error 1: Dormirte en tus laureles

    Vamos mal si:

    · Trabajamos a morir en diciembre, tratando de hacer lo más posible sin pensar en el mañana.

    · No tenemos idea de las metas que tenemos en nuestro trabajo, ni en nuestra vida personal.

    · No tenemos agenda o está vacía por qué aún estamos “calentando motores”.

    El año ya empezó, de hecho, ya vamos casi a mitad del mes. Es decir que para efectos prácticos ya llevamos casi el 5% de avance del año. No olvidemos que el tiempo es dinero y “nadar de muertito” durante medio mes puede costarnos caro.

    Para los freelancers, esto es una obviedad: el que no trabaja, no come. Para los Godínez puede parecer menos importante, pero no es así. Si en la oficina hay bonos de productividad, de ventas o tenemos metas que cumplir, perder el mes de enero por falta de ánimos o de planeación puede ser catastrófico. A mí me ha pasado algunos años que a finales de enero sigo trabajando con mi agenda del año pasado.

    Muchas empresas comienzan el mes a todo vapor y empiezan a medir a sus empleados desde el primero de enero. Revisa tus metas, tu evaluación el año pasado, los bonos y promociones. Es hora de saber cuánto necesitas hacer para mantener tu ingreso y, por qué no, para ganar más. Si empiezas desde hoy tendrás 12 metas pequeñas que cumplir en lugar de 11 metas y un mes perdido o peor: una gran meta para el último trimestre.

    Así que si aún no tienes una agenda es hora de conseguirla, y si ya la tienes, es hora de llenarla. El que pega primero pega dos veces y es hora de dejar atrás la flojerita y ponerse a trabajar.

    Vamos bien si:

    · Nuestra agenda de enero ya tenía trabajo desde diciembre. Ahorita ya vamos encarrilados como si no hubiera habido vacaciones.

    · Tenemos ya lista nuestra planeación de todo el 2020.

    · Nos dimos el lujo de adelantar trabajo en los días más flojos de diciembre.

     

    Error 2: No hacer el “recuento de los daños”

    Vamos mal si:

    · Presos del miedo, no hemos revisado los estados de cuenta de las tarjetas.

    · No sabemos a dónde se fue el aguinaldo.

    · Quedamos a deber algunas cosas de diciembre en las primeras semanas de enero.

    Se vale gastar en las fiestas. Se vale darnos un lujo o echar una canita al aire. Lo que no se vale es después hacernos patos y no tener ni idea de dónde salió esa enorme deuda de la tarjeta de crédito o preguntarnos por qué seguimos pagando la cena de navidad en abril y por qué no nos podemos ir de vacaciones de semana santa.

    Lo primero es perder el miedo y revisar nuestros estados de cuenta. Esto es sano por dos razones: en diciembre es temporada de fiestas, pero también de robos. Revisar nuestro estado de cuenta nos permite detectar movimientos sospechosos; además es la única manera de saber cómo y cuánto gastamos.

    También es muy útil, sobre todo en estas fechas, tener nuestros servicios domiciliados. De este modo nos aseguramos de tener luz al regresar de vacaciones y de no pagar recargos por mora o reconexión.

    Vamos bien si:

    · Tengo instalada la aplicación de mi banco para tener un control constante de los movimientos de todas mis tarjetas.

    · Conozco mis saldos, mis días de corte y tengo todas mis tarjetas bajo control.

    · Dejé pagados todos los servicios y las deudas desde antes de irme de vacaciones.

     

    Error 3: Seguir acumulando deuda de tarjetas de crédito

    Vamos mal si:

    · Cuando revisé mis estados de cuenta casi me da un infarto.

    · Mi gasto total en regalos, cenas y vacaciones fue más alto que mi aguinaldo.

    · El mínimo es tan alto que es lo único que puedo pagar.

    Muchos creemos que pagar el mínimo de las tarjetas de crédito es suficiente, pero hacerlo solo hace que la deuda crezca o, en el mejor de los casos, se mantenga. Lo ideal es que seamos totaleros, es decir, que cada mes dejemos en ceros nuestras tarjetas de crédito para no pagar intereses. Así que lo mejor es que revises el saldo de tus tarjetas de crédito y te prepares para pagar el saldo total de la tarjeta. Si esto no es posible, puedes pagar lo que yo llamo “el mínimo para que la deuda no suba”:

    Todos mis gastos del mes

    +Todas mis mensualidades de meses sin intereses del mes

    +El doble del mínimo

    Si de plano esto es todavía inviable, puedes pagar solo los gastos del mes más las mensualidades de meses sin intereses y el mínimo. Si no puedes pagar esto es hora de buscar opciones de pago con el banco, porque es síntoma de que te has endeudado más allá de lo que puedes pagar. Muchos bancos ofrecen opciones de pago cuando aún vamos al día con nuestros pagos.

    La idea es que los gastos de diciembre en regalos, fiestas y vacaciones los paguemos con nuestro aguinaldo. Si no lo hacemos así, solo hay dos opciones: estamos pagándolos con nuestros ahorros (quizá destinados a otros proyectos más importantes, como nuestro retiro o poner nuestra propia empresa) o estamos agarrando deuda para pagarlos.

    Vamos bien si:

    · Pagamos nuestros gastos de diciembre con nuestro aguinaldo, o con un ahorro especial para eso.

    · Vamos al día con el pago de nuestras tarjetas de crédito.

    · Somos totaleros o ya tenemos un plan para empezar a serlo.

     

    Error 4: No retomar los buenos hábitos

    Vamos mal si:

    · Sigo de fiesta. Claro que puedo seguir saliendo con mis amigos y teniendo reuniones, pero se entiende que los excesos de comida y bebida quedaron en el 2019.

    · Sigo comprando. Y no hablo de ir al supermercado, hablo de “aprovechar las rebajas” para seguir gastando en cosas que no necesito.

    · Sigo rumiando las fiestas decembrinas. El mal intercambio que recibí, la mala cara de mi tía de 98 años o peor, la tos que me dio en la posada del 20 de diciembre.

    Es hora de cuidar de nosotros mismos. Comer, beber y comprar fueron cosas que nos dieron felicidad en diciembre, pero debemos corregir en enero. Retomar los buenos hábitos puede ser la gran diferencia entre empezar pobres el 2020 o llegar ricos al 2021.

    Lo primero es revisar tu despensa y refrigerador. Normalmente cuando nos vamos de vacaciones nos terminamos la comida para que no se haga vieja y se desperdicie. Esa es una muy buena medida, el problema es que cuando regresamos no encontramos nada que comer y nos vemos “obligados” a pedir una buena pizza a domicilio.

    Ve al mercado y compra lo que sabes que debes comer. Retoma la dieta que sabes que te funciona, no necesariamente para bajar de peso, sino para sentirte bien. Si quedaron chocolates, dulces o rosca de reyes dónalos o compártelos. En mi oficina todos le dejamos los dulces que no nos queremos (podemos) comer a la recepcionista. Ella tiene una pecerita con dulces en su lugar y de vez en cuando todos nos comemos un dulcecito. No está mal si lo hacemos con moderación... en febrero.

    Además, es hora de ir al doctor. Nunca me voy a cansar de decirlo: la medicina preventiva es una forma de ahorro (y el ahorro se puede convertir en inversión). Tratar una enfermedad es mucho más caro que cuidarnos y prevenir. Además, no hay que olvidar tener pagado y vigente nuestro seguro de gastos médicos mayores y/o en orden nuestra afiliación al IMSS o al ISSSTE.

    Obviamente cada caso es diferente y los exámenes a realizar serán distintos de acuerdo con nuestros hábitos e historia médica. Si eres mujer, puedes hacer cita con tu ginecólogo, quién te dirá que exámenes debes hacerte. Si eres hombre menor de 40 años puedes ir con un internista, o si eres mayor de 40 puedes ahorrarte un paso e ir directamente con un urólogo (sin miedo, no pasa nada).

    No nos confundamos: “gastar” en lo que comemos, en exámenes médicos y en ir al doctor nos ahorrará grandes cantidades de dinero en el futuro. Si a esto le agregamos una buena dosis de actividad física, estamos haciendo una gran inversión en salud.

    En el 2019 yo cometí el grave error de no cuidarme una gripa. Haciendo el recuento de los daños, gasté muchos miles de pesos que me pude haber ahorrado si hubiera tenido los cuidados básicos: comer y dormir bien, controlar el stress e ir con el otorrino en cuanto la situación se salió de control, en lugar de insistir en automedicarme.

    Vamos bien si:

    · Antes de irme de vacaciones hice un plan para regresar y no vivir de pizza una semana.

    · Tengo mi seguro de gastos médicos mayores al día.

    · Al menos una vez al año voy con mi médico de cabecera y me hago el check up correspondiente.

     

    Error 5: olvidar nuestros propósitos de año nuevo

    Vamos mal si:

    · Hicimos nuestra lista de 12 propósitos al momento de comernos las 12 uvas.

    · Nuestra lista de propósitos es prácticamente igual que la del año pasado… pasado y pasado.

    · Ya no nos acordamos de nuestros propósitos de año nuevo.

    Los propósitos de año nuevo deberían ser una oportunidad para mejorar cada año y avanzar en todos los aspectos de nuestra vida. Mucha gente incluye propósitos financieros como propósitos de año nuevo y esto es maravilloso, ya que nos permite mejorar nuestras Finanzas Personales.

    El problema es que al tener muchos propósitos es fácil que se nos olviden o que al tratar de cumplir muchos acabemos sin cumplir ninguno. La idea es ver los propósitos como objetivos y crear una ruta de pequeñas acciones de todos los días, que nos lleven a ellos.

    Por ejemplo, si mi propósito es ahorrar para cambiar de carro, puedo proponerme separar el 10% de mi sueldo en cuanto me depositen y juntar solo para el enganche. De esta manera no veo lejano el objetivo de juntar $200,000MN, me enfoco en la pequeña acción de guardar parte de mi sueldo y juntar $20,000MN.

    La mejor parte de comprometernos con un propósito de año nuevo y de verdad cumplirlo es que para el año que entra ya tendré parte del camino andado. Siguiendo con el ejemplo del ahorro, si este año logré juntar para el enganche del carro y ya hasta lo traigo rodando; el año que entra puedo proponerme algo mayor: juntar para el enganche de mi casa.

    Los propósitos financieros no son objetivos aislados, son una escalera que nos va llevando a mejorar nuestra calidad de vida.

    Vamos bien si:

    · Tenemos claros nuestros propósitos financieros de año nuevo.

    · Elegimos uno o dos para poder enfocarnos en ellos.

    · Ya tenemos claras las pequeñas acciones de todos los días que nos llevarán a cumplirlos.

     

    ¡Feliz 2020!

    ¿Cómo les fue en la evaluación? A mí no muy bien, pero esa es justamente la idea, darnos cuenta desde hoy para no andar corriendo en octubre. Voy a volver a revisar mi agenda, a perderle el miedo a mis estados de cuenta y a pagar mis excesos de las fiestas. Espero que a ustedes les haya ido mejor que a mí y vayan muy bien.

    Que todos sus deseos se conviertan en objetivos y que este 2020 esté lleno de prosperidad y felicidad.

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