El horno no está para bollos. Todos los días parece que el mundo se va a acabar: el petróleo, el tipo de cambio, el coronavirus y el apocalipsis zombie nos acechan desde el cajón de nuestros miedos. Y, bueno, cualquier Godínez (que come) teme perder su trabajo y sumar esta desgracia a la lista anterior de desdichas.

    Así que hoy vamos a revisar las 5 mejores formas de relumbrar ante tu jefe.

     

    Saber

    Tu puesto es en lo que debes ser experto. En mi primer trabajo recuerdo que mi jefe me dijo: “De este tema, NADIE debe saber más que tú en esta oficina”.

    Suena como una obviedad, pero lo primero es saber qué es lo que debes hacer en tu trabajo, es decir, tus actividades y, en específico, qué esperan los demás que hagas por ellos. Normalmente cuándo nos contratan nos explican de que va el puesto, pero, además, conforme va pasando el tiempo vamos entendiendo mejor nuestros alcances dentro de la empresa y lo que nuestro jefe y compañeros esperan de nosotros.

    Es importante saber cómo hacer mi trabajo, de nada sirve saber que necesitan que redacte unos informes si no sé de dónde sacar la información. Está bien pedirle información a tu compañerito sobre la minuta de la junta pasada o pedirle a tu jefe que te reenvíe la circular de hace un mes. Pero no hay que abusar del recurso. Recordemos que no nos pagan por apretar botones, nos pagan por saber qué botones apretar.

    Además, los puestos mutan, es decir, que para saber vas a necesitar actualizarte constantemente. Si llevas ya algún tiempo haciendo lo mismo, es hora de revisar lo que sabes. ¿Tu puesto es el mismo que cuándo entraste? ¿Hay nuevas responsabilidades que debas tomar en cuenta? ¿Se siguen haciendo las cosas de la misma manera?

    Y no olvides que nos están evaluando. Haya o no haya procesos formales de evaluación dentro de la empresa, los eslabones de la cadena te están viendo todo el tiempo. Es inevitable y está bien, tú también los estás viendo a ellos. Saber qué y cómo te están evaluando te ayudará a mantenerte en tu puesto, pero, además, a ser valorado por el resto del equipo.

     

    Hacer

    Hacer implica hacer de verdad. Cuando aprendí a trapear mi mamá me dijo “Estás trapeando, no acariciando el piso”. No basta cumplir para destacar, a nadie le van a dar una medalla por hacer lo que nos toca. Creo que todos hemos tenido al compañero de trabajo que hace “el mínimo indispensable”. Si debe llenar un formato, lo llena con el menor número de palabras posibles; si necesita dar algo de información se limita a decir algo cómo “Lo mandaron en la circular de ayer”.

    Todos tenemos una tía que cocina DELICIOSO. Pero mi tía tiene otra peculiaridad, no sabe dar instrucciones. Así que cuando le preguntamos alguna receta se limita a decirte algo así como “Le pones agua al arroz y cuando ya esté cocido, le pones canela y la leche”. Mi esposo, por su parte, tuvo una tía que les dejó a sus hijos un recetario completo. Por escrito, en computadora, engargolado, con una introducción muy bonita donde se los dedicaba a todos. Además, cada receta tiene una pequeña nota personal como “Este arroz con leche le encantaba a su abuelita” o tips del tipo “Esta receta queda muy buena con leche entera, pero también puedes usar leche deslactosada”.

    Si queremos destacar, debemos trapear de verdad, no solo acariciar el suelo. No esperemos recibir una medalla por hacer el mínimo indispensable.

     

    Aprendamos a trabajar en equipo

    En las empresas somos parte de una cadena: tu eslabón recibe cosas del eslabón anterior y entrega cosas al eslabón siguiente. Saber qué recibo, cómo lo recibo, de quién lo recibo; qué entregó, cómo lo entrego y a quién lo entregó, es vital.

    Pero no basta con saber qué doy y que recibo. Necesito hacerlo y hacerlo bien. Tener buenos eslabones en la cadena disminuye dramáticamente el estrés en las organizaciones. Trata de pensar en los últimos problemas que tuviste en tu trabajo ¿fue por qué otro eslabón no hizo su trabajo o lo hizo mal? ¿Si el otro eslabón hubiera “trapeado de verdad”, tu habrías podido hacer mejor trabajo?

    Pasa mucho en ventas. El vendedor llora sangre para lograr levantar un buen pedido, pero, por alguna razón, el almacén no surte en tiempo o surte el producto equivocado. Ahí va el vendedor a dar la cara por la empresa y por el resto del equipo. Ojo, esto no quiere decir que no podemos equivocarnos, quiere decir que, si todos cooperamos, podemos resolver los errores de forma rápida y eficiente.

    Pero basta de ejemplos negativos: imagina que tienes EL PROBLEMA, ese que te va a costar el trabajo, el que siempre habías temido. Ahora piensa que aún puedes contener el daño para que no sea tan grave y, quizá, no llegue la sangre al río. ¿Qué compañero de la oficina te va a ayudar a resolverlo? ESO es destacar y ESO es trabajar en equipo. Si eres la persona a quién todos acuden por ser “el que sabe”, “el que resuelve”, “el que apoya”, vas por buen camino. Si no lo eres, piensa ¿estoy ayudando al resto de los eslabones? Si no sabes ni por dónde empezar, concéntrate en el eslabón anterior y en el que va después de ti.

     

    Ser

    Puede sonar a una tontería: pero tienes una vida además del trabajo. Y debes tenerla. El estrés es uno de nuestros mayores enemigos: afecta nuestra salud (y nos hace faltar al trabajo), no nos deja pensar con claridad (hace que nos equivoquemos), nos pone en un estado de alerta permanente (que deriva a más estrés y en más errores), etc.

    Estar todo el tiempo en la oficina no es sinónimo de productividad, al contrario: o el puesto está mal diseñado y requieren reformularlo (y tu cambiar de trabajo); o no eres capaz de hacer tus actividades en las 8 horas de jornada normal. Lo último que queremos es dar la impresión de no dar el ancho.

    Cíñete a tus horas de trabajo y haz más eficiente tu jornada laboral para que te quede tiempo para estar con tu familia y tus amigos, hacer ejercicio, dormir y comer bien. Esto pagará en la forma de menor estrés y eso se notará en tu desempeño laboral a largo plazo.

    Y no olvides fomentar buenas y sinceras relaciones con la gente de tu trabajo. Tu jefe, tus compañeros y hasta la gente de la entrada. Si mantienes una relación cordial con todos, el ambiente será mejor. Se respetuoso, evita los chismes de oficina, los chistes de mal gusto y siempre se educado y formal. Si te sientes cómodo con la gente con la que trabajas y la gente se siente cómoda contigo, por ende, serás un mejor miembro del equipo y serás más productivo. Y, por qué no decirlo, serás un buen jefe en potencia.

     

    Toma riesgos

    La idea es destacar, y para destacar necesitamos atrevernos a salir de nuestra zona de confort. Tú mejor que nadie sabes qué retos hay en tu área y que nadie se ha atrevido a solucionar.

    Si hay un nuevo proyecto y tu jefe pregunta quién quisiera hacerse cargo, levanta la mano. Una persona muy querida se sentía poco valorado en su trabajo por qué, en comparación de sus compañeros, lo que hacía no era tan emocionante. Mientras los demás compraban productos internacionales y cerraban tratos de muchos miles de dólares, el se limitaba a compras locales y pequeñas.

    Cuando su jefe preguntó quién quería tomar las riendas de un nuevo proyecto, se apuntó gustoso. Le invirtió mucho tiempo en capacitaciones y reuniones, tanto, que muchas de sus responsabilidades las tomó una persona diferente. Después de semanas de trabajo duro, por alguna razón desconocida para los mortales, cancelaron el proyecto sin decir agua va.

    Decepcionado, regresó con las manos vacías y derrotado. En cuanto su jefe supo esto lo llamó, le tendió una hoja de papel y le dijo “Arréglalo”. Resulta que en ese tiempo ninguno de sus compañeros había logrado hacer su trabajo. Es más, una persona había renunciado presa de la dificultad de este. Nunca más volvió a dudar de su valía, ni de la dificultad de su labor. Ni sus compañeros. Ni su jefe. Poco después le dieron un aumento y lo movieron a un mejor puesto donde pudo usar su experiencia y lo aprendido en el proyecto fallido.

    Lo bueno de tomar riesgos es que fallar es mejor que mantenerte seguro en tu lugar. Tus compañeros lo saben, tu jefe lo sabe y tú lo sabes. Las organizaciones necesitan personas dispuestas a aprender y a hacer cosas diferentes, porque saben que es la única forma de evolucionar y seguir creciendo.

     

    ¿Dudas?

    Voltea a ver tu propio trabajo y a tus propios compañeros. ¿Qué acción específica hubiera ayudado hoy a tener mejores resultados? ESO que falta, hazlo tú. ESO que necesitan los demás, hazlo tú. ESO que nadie sabe, investígalo tú. ESO que nadie ha hecho nunca, hazlo tú. Atrévete a ser el héroe, por qué son los héroes los que reciben las medallas.

     

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