Debo aceptarlo, el tema del dinero siempre me ha puesto nerviosa, así que, si percibes un poco de catarsis en este artículo, no te espantes. Me encanta leer libros y ver documentales de historias de éxito en el mundo de los negocios. 

    Siempre he tenido muy en mente el libro de Padre Rico, Padre Pobre, de Robert Kiyosaki y Sharon L. Lechter. Me encanta la historia de Warren Buffett o la de Bill Gates, que, por cierto, ya está en Netflix; y así, me alegra ver que la gente tiene éxito, pero me emociona más ver que lo hace con base en su esfuerzo y viniendo, en ocasiones, desde abajo. Admito pues, que me encantaría que mi hijo fuera, además de un excelente ser humano, un hombre exitoso financieramente.

    Como dato cultural, de acuerdo con la Comisión Nacional de Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), sólo el 30% de los mexicanos cuenta con educación financiera, poco más del 50% ahorra a través del sistema financiero y sólo el 36.6% de la población lleva un registro de sus gastos, aunque sea de forma muy básica. Estas cifras demuestran que en México hace falta un gran camino por recorrer en cuanto a educación y planeación financiera se refiere.

    El Banco de México define el dinero como un conjunto de activos de una economía que las personas regularmente están dispuestas a usar como medio de pago para comprar y vender bienes y servicios. Déjame filosofar un poco… el dinero, concepto mundano y banal pero bien necesario. Quizás en un futuro (no muy lejano) cambie nuestro sistema de valores, pero, hasta el día de hoy, el dinero es un termómetro, un indicador de lo que has hecho en tu vida, un símbolo de estatus y un gran analgésico para muchos dolores de cabeza.

    No podemos abstraernos de ello. Estamos inmersos, todavía, en una sociedad de consumo en donde lo que necesitamos es dinero (siempre) para obtener bienes y servicios, incluso los más básicos.

    Diversos estudios científicos sostienen que un hábito se aprende y se fortalece en los primeros años de vida. Es por ello que debe ser importante hablar a tus hijos del dinero como un elemento más de sus vidas. Y, aquí, permíteme regresar al libro que ya señalé, en donde se menciona que obtener buenas calificaciones en la escuela no garantiza el éxito económico, y yo me pregunto... “¿entonces qué onda con eso de sacar buenas notas y echarle ganas a la escuela, si no va a servir de nada?”.

    Las dos condiciones no tienen una relación directamente proporcional, es decir, el que es buenísimo en la escuela no necesariamente será el multimillonario en su etapa adulta ni el que se la pasó “pasando de panzazo” tiene el fracaso asegurado. La clave estriba en entender que las cosas buenas no llegan gratis ni son producto de la casualidad, son el resultado del esfuerzo y la constancia, un esfuerzo extra puede hacer la gran diferencia en su escuela, en el deporte y, por lo tanto, en las finanzas. Aunado a ello, debemos considerar que la cultura del trabajo arduo (no necesariamente físico) templa el carácter para enfrentar las situaciones de la vida,y utilizar los recursos propios (no hablo de los monetarios) para abrirse camino, resolver problemas, visualizar oportunidades, llevar a cabo planes de acción y concretar objetivos.

    Como padres podemos abonar mucho a la educación de nuestros hijos, a su fortaleza interna y a su relación con el dinero.

     

    ¿Pero cómo hablarles a tus hijos del dinero?

    A ver, la primera reflexión que los expertos hacen es examinar tus propias actitudes sobre el dinero. ¿Cómo abordas el tema del dinero?, ¿qué significa para ti? Los niños aprenden mucho sobre cómo manejar la lana observándonos. Así que mucho ojo con lo que haces y con lo que no haces también.

    Háblale a tu hijo acerca del dinero con mucha naturalidad. Es parte de su día a día, así que no puedes negar su existencia. El dinero es un medio de intercambio o pago que nos permite obtener bienes y servicios y sólo eso. Los niños perciben el valor del dinero desde nuestra perspectiva así que es bien importante primero descubrir nuestra relación con el dinero para transmitir un mensaje sano a nuestros hijos en cuanto al mismo.

    Pues bien, toca entrarle al tema de las 5 lecciones sobre el dinero que tus hijos deben saber y quise escribir dichas lecciones desde una mirada más de interiorización de conceptos que de recetas de economía. Espero te sirvan.

     

    1. Trabajo y Remuneración. Es importante que tus hijos se sientan cómodos estableciendo una relación congruente entre el trabajo realizado y la paga por el mismo, y que entiendan que el dinero no crece en los árboles. Cuando los niños, sobre todo pequeños, ven los billetes saliendo del cajero automático, no alcanzan a entender que el dinero es un recurso limitado. Explícale a tus hijos que tú trabajas para ganar ese dinero y que el banco es un lugar para tenerlo seguro. Y es igual de importante que tus hijos entiendan que merecen ser remunerados por el trabajo que realicen. Un buen ejercicio es el que puedan ganar dinero haciendo tareas en casa. Esta práctica no va en contra del famoso “domingo” o mesada. Lo importante es que comprendan que las personas reciben, guardan y usan el dinero.

     

    2. El ahorro, un bien necesario. Decidir qué hacer con el dinero que ganas es fácil. O lo gastas, lo inviertes o lo ahorras. La lección para tus hijos es también así de sencilla. Puedes incentivarlos a ahorrar su dinero y por cada 20 pesos (por decir una cantidad) que ahorren la “casa” pone 1 peso más. Es una forma muy rudimentaria de explicarles la figura de los intereses. Es importante que establezcas un proceso de ahorro dependiendo su edad (una cuenta bancaria o una alcancía funcionan), controles periódicamente cómo va el ahorro y establezcas metas. Por ejemplo, si tu hija quiere com prar una bicicleta y no tiene suficiente dinero, ayúdala a hacer un plan de ahorro en un tiempo determinado; puede ser un mes. Piensen juntos que trabajos puede hacer ella y que remuneración puede obtener. Establecer y alcanzar metas financieras será súper gratificante para ella. Si tu hija tiene más de 5 años, es muy probable que también ya pueda entender y darse cuenta a dónde va su dinero. Este es paso importante para ir moldeando sus habilidades de administración del dinero. Puede utilizar un cuaderno o la computadora para llevar el registro de sus movimientos.

     

    3. El juego de la elección y autorregulación en el gasto. Sigamos con nuestro ejemplo. Si tu hija tiene en mente comprar una bicicleta, apóyala comparando precios y calidad. Identifiquen las características de las diferentes bicicletas y el precio en diferentes tiendas y en línea. Incluso coméntale cómo los anunciantes persuaden a las personas para que compren sus productos, esto le ayudará a evitar caer en las compras por impulso. Frenar la compra por impulso va de la mano con la enseñanza de la gratificación retrasada. Bien, ya que tu hija investigó, comparó y revisó precios y calidad, tiene tres opciones: a) volver a nuestro punto anterior y establecer un plan de ahorro, si es que no cuenta con suficiente dinero, b) si ya cuenta con el dinero, lleven a cabo la investigación y comparación y tomen la mejor decisión de compra o c) pedir un préstamo. Este tema lo comentaremos en el punto 5 de nuestra lista. Ya que cuente con los recursos necesarios, permítele pagar en la tienda. Tu hija nunca olvidará lo que tuvo que hacer para obtener la recompensa final; su bicicleta.

     

    4. Ayuda y conciencia social. Es importante también transmitir a nuestros hijos que el dinero también puede usarse para ayudar a las personas y no sólo para comprar cosas. Permítele descubrir la satisfacción de compartir. Puedes hacer un ejercicio con tus hijos para identificar formas en que pueden gastar dinero en ayudar a otros. Algún caso específico de enfermedad, alguna asociación; algo con lo que tus hijos y toda la familia se sientan identificados. Hoy más que nunca, gracias a la tecnología, todos conocemos casos en donde se requiere ayuda.

     

    5. Cultura financiera en pequeña escala. La regla de oro que nunca debe olvidarse es: “Nunca gastes lo que no tienes”. Es súper fuerte esta frase pero dice mucho sobre los 4 puntos que anteriormente vimos. No se trata de estar peleados con la tarjeta de crédito o con los préstamos, se trata de que nos ubiquemos y ubiquemos a nuestros hijos en una realidad financiera alcanzable.

    Pensando a futuro, puedes empezar a introducir en tus hijos conceptos como el crédito. Tu hija puede considerar pedir prestada una pequeña cantidad de dinero extra para comprar su bicicleta más rápido. Tendrás que negociar con ella; cuánto pagará cada semana y dar seguimiento al saldo restante hasta que se pague la deuda.

    Puedes también platicar con tu hija acerca de cómo puede conseguir más ingresos. Puedes ofrecerle trabajar en algo extra y tener también una paga extra por esa labor. Pero también tiene la posibilidad de elevar su ahorro y negociar una “tasa de interés mejor”. En lugar de horrar 20 pesos semanales y obtener 1 peso adicional, podrías ponerle como meta ahorrar 25 y darle 2 pesos de intereses. Recuerda siempre que lo más importante es el ejercicio y la enseñanza en el manejo del dinero

    Además, puedes ayudarlos a crear un negocio que puedan ofrecer a familiares y vecinos (sacar la basura, alguna manualidad, etc).

     

    Como papás no hay mejor regalo que preparar a nuestros hijos para un panorama cambiante en el que desde ahorita podemos vislumbrar un auge en la competencia, la tecnología y los ajustes en el mercado laboral. Recuerda que estas lecciones tienen el objetivo estrictamente de que los niños aprendan a administrar su dinero e inculcar hábitos que les permitan tener buenas prácticas financieras en su vida cotidiana. Es mejor que tu hijo cometa pequeños "errores" ahora, que errores grandes más adelante.

    Bien lo dijo Benjamin Franklin: “Tell me and I forget, teach me and I may remember, involve me and I learn."

     

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