Cuando nos adelantan la quincena es maravilloso… hasta que ese efecto produce que la siguiente quincena sea un poco (o un mucho) más larga que la anterior. Ir de una quincena a otra no debería ser problema, pero en la vida diaria, en donde mucha gente vivimos al día, a veces es un reto.

Hoy vamos a revisar tres formas de sobrevivir a una quincena larga sin terminar comiendo latas de atún y sopas instantáneas.

 

Presupuestar

No podemos seguir, a nuestra edad, viviendo de quincena en quincena. No es responsable, no es sano y no es muy “adulto” que digamos. La vida no se mide en quincenas e ir de una a otra no debería ser un reto. Si lo es, se debe a que estamos gastando de forma excesiva y desordenada.

Yo sé que eso sonó muy feo, y me disculpo si rompí algún corazón. Si queremos sobrevivir a las quincenas largas necesitamos dejar de ver la vida en presentación quincenal. En mi trabajo llenamos muchas formas, en una hay una pregunta que dice “Ingresos (anuales)”, lo chistoso es que MUCHA gente pone la cantidad mensual o quincenal. La triste verdad es que no sabemos cuánto ganamos, pensamos que tenemos un trabajo que no vale la pena cuando en realidad nuestro sueldo anual tiene muchos ceros, pero como nunca lo vemos todo al mismo tiempo, no nos damos cuenta.

¿Ya viste cuánto ganas al año? Ahora piensa en cuantos carros o casas podrías comprar. Ahora ¿cómo es posible que ganando esa cantidad de dinero no tengas ni 300MN para ir al cine en una quincena larga? ¿Sigues pensando que tu problema es la falta de dinero?

Ahora viene lo bueno: pon todos tus gastos fijos mensuales (renta, servicios, pago a deudas, etc.) y multiplícalo por 12. ¿Cómo te sientes? Se vale sentirse abrumado, horrorizado, asqueado. Darnos cuenta de cómo gastamos puede ser un duro golpe de realidad, pero es necesario saber dónde estamos parados.

Ya con los pies sobre la tierra es hora de hacer un presupuesto mensual: pon todos tus gastos fijos mensuales, este número no debe ser mayor al 50% de tu sueldo fijo. Si esta regla no se cumple, hay que bajarles a los fijos. Del 50% restante vas a separar 20% para ahorrar (10% para tu retiro y 10% para tu fondo de emergencia o proyectos especiales) y el otro 30% será para tus gastos variables.

Ahora toma tu agenda o tu calendario y revisa las fechas de pago de toooodos tus compromisos y ve en que quincena caen. Esto te va a dar mucha luz sobre cuánto dinero tienes DE VERDAD en cada quincena. Si pagas la renta el día 3 del mes y el carro el día 13, eso explica por qué la primera quincena del mes es tan pesada. Trata de equilibrar los pagos que puedas mover y calcula cuánto dinero te queda realmente en cada quincena. Así sabrás cuando puedes darte un lujito o cuando necesitas amarrarte el cinturón.

Hubo una época en que yo pagaba todo en los primeros diez días del mes. Al principio no sabía ni que estaba pasando y me la pasaba de sentirme millonaria a no tener nada en mi cuenta. Hacer este ejercicio me ayudó a darme cuenta de que en época de vacas gordas (mi segunda quincena) debía guardar dinero (sabía la cantidad con pesos y centavos) para la época de las vacas flacas.

 

Seamos creativos

Ahora que ya sabes cuánto ganas y cómo gastas, es hora de echarle coco al asunto. En este punto debes haberte dado cuenta de que, a menos de que tengas mucha suerte, tienes una quincena más cargada de gastos que la otra.

En la quincena de vacas gordas trata de comprar la despensa del mes completo. Obvio habrá cosas, como la fruta y la verdura, que no podrás comprar por adelantado, pero sí puedes comprar cosas como pastas, latas, arroz, frijol, cereales, galletas, etc. Si hay algún amigo que tenga tarjeta de clubes de precios, pregúntale sobre lo que usas más y revisa si puede ser opción tener tu propia suscripción. A veces con este cambio tan sencillo basta para equilibrar las quincenas.

Y por favor, no dejes que esa comida se desperdicie. Cada semana, antes de ir a comprar comida, revisa el refrigerador y planifica la comida de un par de días con las cositas que no usaste y todavía están buenas. También échale un ojo a la despensa, sobre todo a las cosas con fecha de caducidad y trata de usar todo lo que hayas comprado. Tu bolsillo y el planeta te lo agradecerán.

Otra idea es planear tus fines de semana de acuerdo con si estás en una quincena gorda o flaca. En las vacas gordas puedes ir al cine, al teatro, a cenar a un lugar bonito, de compras, etc. En las vacas flacas puedes ir a un museo, hacer un maratón de series, invitar amigos a tu casa, leer un buen libro o ir al parque. Para divertirnos no necesitamos dinero, necesitamos creatividad.

Una amiga nos invitó un día a su casa a una “Fiesta de crepas”. Ella puso las crepas y nos pidió que lleváramos cosas para rellenarlas. Nos divertimos mucho por qué cada uno hizo su crepa y al final todos comimos de lo que todos llevaron. Meses después nos confesó que esa etapa había sido muy difícil para ella: no tenía dinero, estaba triste y quería vernos, pero no podía invitarnos a comer.

En el libro de “Los tres mosqueteros” de Alejando Dumas, mandan a los protagonistas a la guerra. El problema es que cada soldado debe comprar su equipo: uniforme, armas, caballo y un sinfín de cosas más. Como los agarran en época de vacas flacas, llega un punto en que se quedan sin dinero para comer. En esos momentos deciden “hacerse invitar” por sus amistades. Obviamente, yo no te recomendaría hacer algo así en época de Coronavirus, pero, cuando superemos todo esto, pregúntate ¿hace cuánto que no vas a ver a tus papás? ¿Cuánto hace que tu hermana te invitó a conocer su nueva casa y no has ido? Obviamente no se trata de llegar con las manos vacías, pero llevar una charola de galletas a tu tía enferma y pasar una tarde con ella jugando cartas puede ser una hermosa actividad de fin de semana que cumple con tres propósitos: ahorrar, socializar y pasar tiempo con la gente que queremos y nos quiere sinceramente, pero que no tenemos tiempo de ver.

Las labores de mantenimiento no urgentes o preventivas puedes agendarlas también en quincenas de vacas gordas. Impermeabilizar (obvio antes de las lluvias), la visita del jardinero, arreglar ese gabinete de la cocina que tiene floja la puerta o cambiar la llave mezcladora que gotea son gastos que pueden desbalancear tu quincena, sobre todo si es en época de vacas flacas. No dejar que estas actividades nos agarren desprevenidos también es ahorrar: es mucho más barato impermeabilizar antes de las lluvias que impermeabilizar y arreglar una humedad con lluvia.

 

Autocontrol

Pero el problema no es solo las quincenas largas, también hay quincenas cortas en las que aprovechamos para hacer locuras que luego no encontramos como pagar. Esa es la verdad. Ahora que ya tienes un presupuesto debes saber cuánto dinero tienes al mes para esas locuras. Si ya sabes que no te alcanza, no lo compres.

Una amiga mía pasó por una época muy difícil cuando se acababa de casar. Ella y su esposo querían tener un bebé y gastaron muchísimo dinero en tratamientos de fertilidad, además, compraron casa. Ella me cuenta que cuando querían comprar algo su esposo o ella, se preguntaban “¿Lo quiero o lo necesito?” Si la respuesta era “lo quiero” no lo compraban. Ahora su situación económica es mucho mejor (y ya tienen dos hijos), pero siguen con esa disciplina porque se dieron cuenta de una verdad que pocos hemos afrontado: no se necesitan muchas cosas para ser feliz.

Y ojo con las tarjetas de crédito. Nuestros papás podían usar el viejo truco de dejarlas guardadas en casa para no usarlas. Nosotros la tenemos más complicada con las compras por internet y las aplicaciones que permiten usar la tarjeta sin tenerla a la mano. A mí lo que me ha funcionado es jamás usar una tarjeta de crédito para comprar en línea. En mis cuentas de tiendas por internet siempre tengo mi tarjeta de débito, y eso me ha ayudado a no cometer tantas imprudencias.

Otro tip para controlar nuestras ansias de comprar es la regla de las 48 horas. Cuando veamos algo que queramos comprar, pero no sea de primera necesidad, no podemos comprarlo en ese mismo instante: debemos esperar 48 horas. Si después de esas 48 horas seguimos pensando que es buena idea comprarlo, entonces lo compraremos.

Esta regla la tengo aún más limitada: no puedo comprar nada con un costo mayor a $1,000MN hasta no esperar 48 horas. Esta regla me ha salvado varias veces de comprar de más y me encanta, por qué he logrado muy buenas compras. Al verme obligada a esperar me he dado cuenta de mejores ofertas en otros lugares, de variantes en los productos o presentaciones, y de que hay cosas que de verdad no necesito. Y también me ha ayudado a ser más feliz con lo que compro: tardé meses en decidirme a comprar un robot aspirador, pero cuando lo compré fue a un muy buen precio, un modelo perfecto para mi… y de contado.

Si tus gastos están muy cargados en una quincena y es imposible equilibrarlos, puedes modificar esta regla a “No puedo hacer ninguna compra de más de X entre el 1 y el 15 de cada mes”. Así te asegurarás de no desequilibrar tu ingreso con gastos especiales o gustos.

 

Deja de sobrevivir y empieza a vivir

Ya hablamos de lo que gastamos y de cómo gastar inteligentemente. Pero ahora hablemos de ese 10% que estamos ahorrando para “proyectos especiales”. Si no logro llegar al final de la quincena voy a terminar usando ese dinero para comer (o peor, para pagar los excesos de la tarjeta de crédito) Y ese dinero es para tus sueños: irte de viaje, comprar esa consola que tanto quieres, cambiar de carro o hasta dar el enganche de una casa. Si dejamos de concentrarnos en sobrevivir y planeamos para vivir, más pronto nuestros sueños se volverán realidades.

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