Desde pequeño, Carlitos desarrolló la capacidad de sacar provecho de casi cualquier situación. Una noche, él y su hermano tenían la casa patas pa’rriba. Los padres cansados de trabajar todo el día, no tenían energía para limpiar su tiradero, pero tuvieron una “gran idea”. Ofrecer a sus hijos una recompensa monetaria por limpiar la casa. ¿No está mal, cierto?

    El problema para los padres de Carlitos es que tanto él como su hermano vieron rápidamente una oportunidad. Los hermanos se pusieron de acuerdo para que cada tres días repitieran el tiradero, así sus padres les darían dinero y podrían comparar lo que quisieran. Carlitos logró juntar tanto dinero que pudo comprarse el videojuego que tanto deseaba y que le habían negado sus padres por ser violento. Los padres de Carlitos ahora tenían la casa ordenada, pero ¿Lograron lo que realmente querían?

    Hace un par de semana escribía sobre los incentivos fiscales. En ese artículo explicaba que los estímulos fiscales se usan para motivar a las personas a actuar de cierta manera que es favorable para la sociedad a cambio de una deducción de impuestos. También explicaba su funcionamiento y bondades, sin embargo, aclaraba que, de no diseñarse bien, los incentivos podían favorecer a grupos de contribuyentes ya favorecidos o promover comportamientos indeseables, además de impactar en las finanzas publicas.

    Recibí muchos comentarios sobre ese texto. Varias personas expresaban sus dudas sobre cómo un incentivo podía resultar perjudicial. Por eso decidí escribir este artículo con varios ejemplos sobre estímulos que se otorgan para lograr un bien y resultan contraproducentes. A esto se le conoce como incentivos perversos, espero les guste y sobre todo les sirva para tomar mejores decisiones con sus hijos, colaboradores o en la elaboración de políticas públicas.

     

    La masacre provocada

    Hacer de este mundo un lugar mejor no es cosa sencilla. Para muchos políticos la respuesta a cualquier problema se encuentra en los incentivos, bonos o transferencias fiscales, pero hay que ser cuidadoso, podríamos estar incentivando que las personas trabajen en contra del objetivo deseable. Justo como lo descubrieron los gobernantes de Hanoi.

    Mucho tiempo antes de la guerra de Vietnam, en 1902 cuando Hanoi todavía era la capital de la Indochina Francesa, tuvieron un problema serio de proliferación de ratas. Al gobierno francés, para evitar que la población de ratas se siguiera expandiendo, se le ocurrió pagar a los habitantes de Hanoi por cada rata que mataran.

    Muchos ciudadanos acudían a las oficinas gubernamentales con colas de rata para reclamar su pago. Lo que no calculó el gobierno francés es que algunos pobladores se dieron a la tarea de criar ratas en granjas. Los criadores les cortaban la cola y cobraban la recompensa, además, las liberaban para que se siguieran reproduciendo. Así el problema crecía y el gobierno francés pagaba más dinero y creaba un círculo vicioso.

    Cualquier persona cuestionaría a los habitantes de Hanoi por actuar de esa manera, pues todos sabemos que las ratas trasmiten enfermedades, por tanto, estaban actuando en contra de su propio bienestar. Pero hay que conocer algunos detalles.

    Hanoi estaba divida en dos zonas, la francesa, que era limpia y rica, y la vietnamita, asociada a la pobreza y donde las ratas eran parte del paisaje urbano. El gobierno francés implementó el incentivo cuando las ratas aparecieron en la zona francesa y emergieron de los drenajes. Los vietnamitas no se sentían cómodos con el modo de gobernar de los franceses, por tanto, no estaban dispuestos a colaborar en solucionar un problema que en realidad no era suyo.

    Este caso nos enseña varias lecciones que debemos tener en cuenta a la hora de diseñar políticas públicas mediante incentivos.

     

    Cuando el trabajo empobrece

    Una de las aportaciones del Estado Benefactor es el seguro de desempleo, política contracíclica como paliativo a las crisis económicas. Sin embargo, está ampliamente documentado que el seguro de desempleo puede actuar como incentivo perverso, pues reduce el esfuerzo de los trabajadores para buscar empleo, además, podría impactar en la productividad de las empresas, pues encarece el trabajo al contratar a personas por arriba de su valor de mercado. Para hacer más grafico este problema les contaré la historia de Margarita.

    Margarita es mi prima, vive en Costa Rica con sus dos hijos, un niño de 8 y una niña de 6. Un par de meses atrás perdió su empleo. No sé cuánto ganaba antes, pero ahora recibe una mensualidad de casi tres mil pesos por parte del seguro de desempleo. Me contaba que hace unos días le ofrecieron un trabajo, el sueldo era de 5 mil pesos mensuales. No lo aceptó porque los números no le daban.

    Sí, el sueldo que le ofrecían es mayor a lo que recibe por el seguro de desempleo. Pero a los 5 mil pesos que le ofrecían había que descontarle los gastos en pasaje y comida, además del costo monetario y emocional de tener que dejar encargados a sus hijos.

    Margarita tiene seis meses (lo que dura el seguro de desempleo) para conseguir un empleo que le pague por lo menos 7 mil pesos al mes. Así es como el seguro de desempleo actúa como un incentivo perverso.

    No me miren mal, no estoy juzgando a Margarita ni a las personas que toman una decisión parecida. Sólo estoy describiendo la situación y la razón por la cual el seguro de desempleo no cumple con la función de reactivar la economía, pues el seguro de desempleo es más beneficioso para Margarita, pero que ella se empleara sería más beneficioso para la economía en general.

     

    En los deportes

    Una de las ligas mejor organizadas y que sirve de ejemplo para el mundo deportivo, es sin duda la NFL, pero no está libre de incentivos perversos. El mecanismo que utilizan los equipos para contratar nuevos jugadores es el Draft colegial, que funciona de la siguiente manera.

    Primero los jugadores: para que un jugador pueda ser contratado por un equipo de la NFL debe cumplir con los requisitos de elegibilidad en el Draft. Una vez que la liga determina que el jugador es elegible se clasifica de acuerdo a sus estadísticas como jugador colegial y los informes de los caza talentos. El jugador que se le pronostica mayor probabilidad de ser exitoso en la liga se clasifica como número uno, es decir, será el primer jugador al que podrán contratar los equipos de la liga. Pero no todos los equipos podrán hacerle una oferta a ese jugador. Existe un orden, porque si no nos organizamos…

    Ahora ¿Cómo se organizan los equipos? Existen 32 equipos en la liga. Se clasifican de acuerdo al número de victorias que obtuvieron en la temporada. Así, el que más triunfos obtuvo es el mejor equipo de la liga y, por el contrario, el que acumuló menos triunfos es el peor equipo.

    A la hora de reclutar nuevos jugadores en el Draft, el peor equipo, es decir, el que clasifico como equipo 32, elige primero. -Estoy seguro de que ya intuiste cómo funciona y estás en lo correcto-. El peor equipo tiene derecho a elegir al mejor jugador colegial o intercambiarlo con otros equipos por otros jugadores colegiales o dinero.

    El objetivo de la NFL con este mecanismo es hacer un torneo más equilibrado y competitivo, sin embargo, para algunos equipos resulta más estimulante conseguir la primera selección colegial que ganar el campeonato. Ocurre a menudo que un equipo que no marcha bien, a media temporada decide perder los juegos que le restan para conseguir la primera selección colegial, pues una buena gestión de selecciones colegiales puede resultar igual o más redituable que un equipo ganador. ¿Acaso nunca te habías preguntado por qué hay equipos que nunca ganan nada?

     

    Esto es un cuento de nunca acabar

    Parece que cada vez que alguien se propone crear un incentivo para conseguir algo bueno para la comunidad, otra persona está pensando en sacar provecho y beneficiarse sólo en lo personal. Por eso se dice que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones. ¿Qué podemos hacer para que no haya incentivos perversos?

    Si adoptamos una visión de mercado, tendríamos que reconocer cuando un incentivo no está resultado conveniente y corregirlo. Pero ¿Cómo sabemos si el incentivo formulado está ayudando a conseguir nuestro objetivo, o si, por el contrario, nos está alejando? Bueno, pues debe tener las siguientes características:

    • Sólo se puede mejorar lo que se puede medir. ¿A cuánto estás de tu objetivo? ¿Después de implementar el incentivo, estás más cerca o más lejos?;
    • Las reglas del incentivo deben ser claras y fáciles de entender para todos los participantes, así todos sabrán quién y por qué recibió el incentivo;
    • Además del beneficio en el corto plazo que representa el pago, bono o deducción del incentivo propuesto, los participantes deberán percibir un beneficio en el largo plazo, un beneficio para su comunidad;
    • Las recompensas deberán pagarse oportunamente y tendrán que ser apropiadas; y
    • Más allá de cualquier incentivo, la sociedad deberá promover el comportamiento ético entre los habitantes.

    El último punto que propongo me parece el más importante, no sólo a la hora de crear incentivos, sino en la vida diaria y en el cumplimiento de cualquier norma. Un entorno ético puede garantizar la ejecución adecuada de los incentivos, además de ahorrar mucho dinero en mecanismo de control y vigilancia. Una sociedad que no privilegia el comportamiento ético, sin importar los mecanismo de vigilancia, su grado de sofisticación, pesos y contra pesos que diseñe, estará destinada a fracasar.

    Continua leyendo el blog de Bancompara, para que juntos aprendamos sobre finanzas, pues estoy convencido de que la educación financiera es uno de los pilares sobre los cuales se construye el bienestar de nuestra familia.

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