Las apariencias engañan, pero cuestan mucho dinero

    Voy a contarles la historia de cómo cambié mi estilo de vida, empecé a ahorrar dinero y ahora soy más feliz. Es complicado definir qué es ser cool, incluso cuando lo preguntas en Google obtienes respuestas diversas, que van desde la ropa que usas hasta la actitud que tienes ante la vida.

    Cuando me gradué de la universidad y obtuve mi primer empleo, uno de mis objetivos era ser cool. Sí, es bastante superficial, pero era joven y en ese momento me importaba mucho cómo era percibido por las personas que me rodeaban. En mi mente, ser cool era ser lo más parecido que se pudiera a Don Draper, el protagonista de la serie Mad Men.

    Tenía 23 años y quería parecerme a un hombre de cuarenta que vivía en la década de los sesenta. Tal vez mi idea de cool venia mal de origen, pero, como dije, nadie sabe a ciencia cierta qué es ser cool, menos yo. Entonces, compraba revistas de moda y me fijaba en el comportamiento de hombres que admiraba, el problema es que pasaron los años, mi cuenta de ahorros estaba vacía y no me sentía cool para nada.

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    Cuando decidí estudiar la maestría (en una universidad cool), mi estructura de gastos se vio afectada, tuve que modificar mi presupuesto. Obvio, nadie quiere recortar gastos porque eso significa renunciar a comodidades, pero yo lo tenía que hacer. Aquí te comparto cinco cosas que hacía en mayor o menor medida para ser cool pero que me vi forzado a cambiar. Ahora no volvería a gastar en eso.

     

    1. Conciertos en los que conozco una canción

    Cuando era adolescente iba a una academia de música, ahí aprendí a tocar la batería y después la guitarra. Parte de la educación musical era acudir a conciertos para ver a músicos profesionales ejecutar sus instrumentos, sin duda, disfrutaba mucho de los conciertos, pero siempre acudía a los conciertos que tenían un interés para mí.

    Tuve la oportunidad de ir a más conciertos cuando comencé a ganar mi propio dinero. Entonces, mis estándares para decidir a qué conciertos ir y a cuáles no se flexibilizaron. Además, me deje influenciar por nuevos amigos y cuando me di cuenta, acudía a muchos conciertos donde sólo me sabia una canción.

    Es verdad, los conciertos son experiencias divertidas y se suponía que debía gastar mi dinero en experiencias, pero al no conocer al artista, los conciertos me parecían increíblemente aburridos. Algunas veces ni apreciaba al artista, simplemente iba porque todo mundo estaría ahí. Muchas veces ni siquiera me acordaba que había visto a tal artista en un concierto.

    Por ejemplo, los festivales de música. En un fin de semana puedes desembolsar cantidades importantes de dinero, acabas muy cansado por estar tanto tiempo parado, no tienes un lugar cómodo para ir al baño, la comida es asquerosa y de las 20 bandas que se presentan sólo conoces a tres.

    Ahora soy más estricto a la hora de elegir el concierto al que iré, así me ahorro un montón de dinero y puedo destinar más dinero a los conciertos que sí me interesan, para tener una experiencia que recordaré toda la vida.

     

    2. Beber whisky

    Como decía, mi modelo a seguir era Don Draper, y aparte de ser muy bueno en su trabajo fumaba mucho y bebía whisky. Fumar no me apetecía, pero el whisky sí me gustó, pero no fue un proceso simple. Descubrí que hay todo tipo de whisky, unos muy baratos, y los más costosos, que son de malta.

    Los whiskys baratos no es que me supieran mal, pero me dolía la cabeza e incluso sentía que el cuerpo se me dormía. Eso no me pasaba con un whisky de 12 años de añejamiento. Entonces bebía ese. Me gustaba, no me dolía la cabeza y me hacía ver como un conocedor, o sea, más cool.

    El problema es que cada que salía, terminaba pagando una cuenta de entre 700 y 900 pesos por tres tragos y algo de comer. Ahora, si iba a acompañado de alguna amiga, el golpe a mi billetera era fuerte.

    Al matricularme a la maestría, mis recursos financieros se vieron muy limitados y también mi tiempo. Así que ya no podía salir tan seguido y cuando llegaba a salir no podía sostener ese gasto. Así que decidí beber cerveza. El sabor no me gustaba, pero tampoco el whisky se caracteriza por tener un sabor agradable.

    Supongo que, como muchas cosas en la vida, son gustos adquiridos, y cuando llegaba la cuenta, la cerveza me gustaba mucho más que el whisky. Por tres cervezas y algo de comer pago algo así como 400 pesos. Tomar bebidas alcohólicas no es lo más recomendable, pero no se puede negar que funcionan muy bien como lubricante social. Entonces mi recomendación es beber con moderación y no destinar mucho dinero a ese tipo de “diversión”.

     

    3. La industria de los servicios exclusivos

    Cada vez son más comunes los servicios a los que les ponen algún detalle, los hacen más bonitos y listo: te cobran una millonada. Tal vez uno de los más usados por mi era el cine. Sí, en las salas de cine VIP gastaba mucho dinero, para evitar varias cosas, por ejemplo; patadas en el asiento; gente hablando o utilizando el teléfono mientras la película es proyectada; y, por supuesto, iba por ser cool.

    Me encanta ir al cine, entonces era un gasto difícil de sostener. Tuve que buscar alternativas. Primero intenté ir a funciones muy tarde, pero algunas veces esas funciones también tienen mucha gente, además implica que al otro día estaré desvelado.

    Descubrí la Cineteca Nacional. Es un lugar magnifico para pasar la tarde, es mucho más barato que cualquier cine y la mayoría de las personas que asisten a la cineteca son cinéfilos, así que son respetuosos con la proyección de la película. El único inconveniente es que no pasan mucho cine comercial y no repiten las películas con frecuencia. Pero si estás abierto a cualquier experiencia y a ver películas extrañas, es una magnifica opción.

     

    4. Ropa y zapatos.

    Ponte traje, los trajes son geniales. Algo así escuché cuando empecé a trabajar, y sin duda lo son. Pero también son caros, aparte hay que llevarlos a la tintorería, lo cual se convierte en una carga importante en el presupuesto de cualquier persona. Además, una cosa es llevar traje por 8 o 10 horas y otra es llevarlo por 15 horas o más.

    Sí, cuando estudiaba la maestría salía de mi casa a las siete de la mañana y regresaba cerca de las once. Llevar traje todas esas horas es incomodo, en época de calor es casi una tortura. Dejé de usar traje y vi cómo un montón de dinero dejaba de salir de mi billetera.

    No digo que haya que ser desalineado, sólo pienso que merecemos establecer nuestros propios términos de moda, comprar solo aquellas prendas que en realidad nos hacen sentir cómodos y que funcionan para nuestros presupuestos. La elegancia se construye a partir de la manera en que te paras y no en la mesa de dibujo de un sofisticado diseñador.

    Ahora que toco el tema de plantarse correctamente, recuerdo que también gastaba mucho dinero en zapatos finos. El problema con estos zapatos es que tienen suela muy delgada, porque la gente rica no camina, supongo. A mí me gusta mucho caminar, me resulta relajante, pero los zapatos me los acababa en un periodo ridículo.

    Podrás preguntarte, ¿entonces ya no gastas en ropa cara? Un poco sí y un poco no. Ahora lo hago de manera que me resulta más satisfactoria. Me explico. Zapatos caros ya no compro, definitivamente, pero tenis sí, porque corro y necesito proteger bien mis rodillas y eso se logra con tenis con buena amortiguación.

    Los trajes los dejé para ocasiones especiales, además tienen mejor efecto entre las chicas. No escatimo en el gasto de las camisas, pienso que una camisa de buena calidad es importante, igual puede ser que en cinco años escriba “porqué dejé de usar camisas caras”, pero hoy todavía me resultan beneficiosas. Finalmente, ahorro en los pantalones, me gustan lisos y simples, entonces no me importa que sean baratos.

     

    5. Vacaciones

    Son los días que tomamos para distraernos de nuestras obligaciones, pero tal vez el periodo más propicio para ser cool y demostrarlo al mundo. Tomarse fotos al atardecer en la playa de moda y cenar en el restaurante con los platillos más instagrameables, diría un comercial, son cosas que no tienen precio; pero sí lo tienen y bastante alto, por cierto.

    Para ser franco, a mí las playas ni me gustan, prefiero los pueblitos. Después de dos años de no tener vacaciones porque estaba en la maestría, la primera oportunidad que tuve para salir de vacaciones lo hice sin preguntar siquiera a dónde. No tomé una sola foto, no fui a lugares en tendencia y aún así me la pasé increíble. Aprendí que no es a dónde vayas sino con quién estás.

     

    Conclusión

    Todas estas fueron cosas que hacía para tratar de ser cool, pero me di cuenta de que las personas realmente cool hacen lo que más les gusta, y les resulta porque son auténticos y desarrollan su propia manera de ser. Yo estaba gastando mucho dinero, toneladas de energía emocional en tratar de ser cool, y seguramente me veía forzado.

    No estoy diciendo que comprar cosas costosas esté mal o sea indebido, al contrario. Creo que el trabajo físico y emocional que implica esforzarse por tener un sueldo más alto y comprar artículos de lujo, algunas veces nos puede hacer mejores personas.

    El secreto está en ser autentico y gastar en cosas que realmente valoras y no en tratar de quedar bien con otras personas. Aunque también creo que ese es un “defecto” que se arregla con la madurez. Conforme ganamos madurez dejamos de preocuparnos por lo que piensa la gente de nosotros.

    Mi recomendación final es, no seas cool para tener un aire de perfección en las redes sociales. Abre tu mente, permite que las ideas y la belleza vengan de cualquier parte, sólo así podrás ser autentico y seguro serás interesante para muchas personas creando tu propio mensaje al mundo.

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