Las lecciones que me dejó Padre rico, padre pobre, adaptadas al entorno mexicano.

    Me ocurre con cierta frecuencia que alguien me hace una pregunta y yo respondo con demasiada simpleza. Como si me tomaran con el cerebro apagado. Minutos más tarde se me ocurre una respuesta ingeniosa, entonces me arrepiento y quisiera dar marcha atrás.

    Parece que no soy único al que le ocurre. De hecho, es algo tan común que el enciclopedista francés bautizó a este acto como L'esprit de l'escalier, en español quiere decir ingenio de escalera.

    Bueno, pues esto me ocurrió hace un par de días cuando me encontré a un amigo. Me comentó que su hijo recién empieza su vida laboral y que ha tratado de aconsejarlo sobre cómo llevar sus finanzas, pero mi amigo no sentía que él fuera el mejor ejemplo ni que tuviera las herramientas teóricas para aconsejarlo de la mejor manera. Entonces me preguntó si yo le podía recomendar algún libro.

    Mi mente se quedó en blanco. Me sentí como cierto personaje que no supo qué contestar cuando le preguntaron sobre los tres libros que le cambiaron la vida. Creo que le recomendé algo que ahora mismo ya no recuerdo, tal vez como mecanismo de defensa, para no lanzarme desde la azotea por vergüenza.

    Pero ahora que he sido beneficiado por el L'esprit de l'escalier, he decidido contestarle con este texto y platicarle sobre Padre rico, padre pobre. Un libro que me ayudó mucho con mis finanzas, sobretodo porque me abrió los ojos respecto a los consejos que me dio mi padre. Que sí, eran bien intencionados pero no siempre correctos.

    Robert Kiyosaki

    Robert Kiyosaki nace en Hawai en 1947, proveniente de una familia de educadores. Después de participar en la guerra de Vietnam como piloto de helicópteros, funda su primera compañía a los 30 años. Esta compañía se dedicaba a producir billeteras de nylon con velcro, diseñadas especialmente para surfistas. Este producto lo puso en la palestra como empresario y le dio riqueza.

    Pero es hasta 1985 cuando su herencia magisterial y visión como empresario lo llevan a fundar una compañía sobre educación financiera. Asesoraba a las personas sobre negocios e inversiones. Robert quería compartir sus preceptos financieros con más personas y de paso llevarse unos millones de dólares más a su bolsa. Entonces en 1997 publica Padre rico, padre pobre.

    Escrito en conjunto con la contadora Sharon Lechter, este libro se convirtió en un fenómeno mundial, con más de 20 millones de copias vendidas y traducido a 40 idiomas, prácticamente no hay persona en el mundo interesada en las finanzas que no haya, por lo menos, escuchado de él.

    Debo reconocer que en principio creí que se trataba de un libro de autoayuda y huía de él. Pero un día estaba buscando todo y nada en internet y me enteré sobre una charla que daría Darren Weeks en la ciudad de México, quién es asesor financiero de Robert Kiyosaki. Sin dudarlo, me apunté a la charla; y me cambió la vida.

    Entonces compré el libro de Robert Kiyosaki, y con el entendimiento que me han dado los años, recogí algunas de las lecciones del libro y las comparé con mis propias creencias. Espero que les sirvan a ustedes también.

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    No ahorres

    Vivimos en una cultura que promueve el consumo, muchas veces irracional. Sin embargo, nuestros padres siempre insisten en que ahorremos, aunque ellos no lo hayan hecho; o justo porque ellos no lo hicieron, nos los recomiendan. Por eso siempre nos debatimos entre yolo (you only live once) o ahorra para la vejez.

    Deshacerse de la cultura del ahorro es una de las lecciones que más me impacto del libro Padre rico, padre pobre. Sí, así como lo escuchas. Dice que cuando tú ahorras y dejas tu dinero en el banco, el banco te da un porcentaje muy bajo de intereses, por tanto, le estás regalando el poder multiplicador de tu dinero al banco.

    Entonces, no ahorres más. Propone que tengamos una cultura baja de consumo, nula cultura del ahorro y una cultura muy alta de la inversión. Porque la gente rica no trabaja por dinero, pone su dinero a trabajar para ellos. Te propongo que tu estructura de pensamiento de hoy en adelante no sea yolo, sino yolt (you only live twice). Sí, debes ver por tú yo del presente y tú yo del futuro, el que no tendrá la misma capacidad de producir riqueza y, seamos realistas, tampoco tendrá las oportunidades. Esto nos conecta con el siguiente punto.

    ¿Trabajar duro = ser rico?

    Una idea generalizada es que si eres el primero en llegar a tu trabajo y el último en irte, seguramente llegarás a ser una pieza clave y eventualmente se traducirá en el éxito financiero. Según Robert Kiyosaki esto puede ser verdad, pero no necesariamente es lo más inteligente.

    Como decía en el punto anterior, los ricos invierten su dinero para generar más dinero, a esto le llama Kiyosaki ser un inversionista. Recomienda que tus primeras inversiones sean en negocios que te permitan tener flujo de efectivo y así acrecentar rápidamente tu capital.

    Si tienes la suerte de haber heredado bienes inmuebles y te dedicas a cobrar rentas mes tras mes, entonces no eres un inversionista, eres auto empleado. Según la visión de Robert Kiyosaki, tendrías que contratar a un administrador profesional y tú dedicarte a ver nuevas oportunidades de inversión.

    Ya sé que al contratar a un administrador profesional tus ganancias bajarían en el corto plazo, pero si logras identificar nuevas oportunidades de inversión y eres exitoso en el mediano plazo, tus activos y beneficios crecerán.

    Para Robert Kiyosaki, ser rico no es asunto de cuánto tienes en cuenta bancaria. Puede que tengas mucho dinero, pero si no piensas como piensan los ricos, entonces seguirás siendo pobre; sólo serás un pobre con dinero.

    Si tienes poco o mucho dinero, no lo atesores. Inviértelo y genera empleo para otras personas y más dinero para todos. En eso consiste el pensamiento de los ricos.

    No importa a que te dediques, debes ser el mejor

    Está es una frase que me repitió mi madre muchas veces, sin embargo, nunca me dijo cómo ser el mejor, o mejor dicho se sobre entendía cómo llegar a ser el mejor. Asiste a la escuela, obtén buenas calificaciones y colecciona títulos, diplomas, certificaciones y todo lo que puedas.

    Así lo hice, un poco en automático sin cuestionarme si era el camino correcto. Cada que veía un curso que podía tomar, me apuntaba. El problema es que eran cursos muy técnicos, y aunque no estuvo mal aprender todas esas habilidades, seguro me hubiera convenido tomar otro tipo de cursos sobre habilidades sociales, o habilidades blandas, como también les llaman.

    La experiencia y las lecciones aprendidas en el libro de Robert Kiyosaki me han hecho entender que esas habilidades son más rentables que las técnicas. Porque en cuanto a las habilidades técnicas, la tecnología avanza, por tanto, es más fácil para las personas aprender y ejecutar, además, eventualmente, las podrá tener una computadora sin ayuda de un humano.

    Pero habilidades como liderazgo, hablar en público, comunicación asertiva, relacionarse en diferentes idiomas, son cosas más difíciles de imitar por las maquinas. Además, te permiten ampliar tu visión del mundo, y tendrás más herramientas para conectar puntos de información diversa y crear nuevas cosas con ello.

    Me enseñaron a trabajar, pero no a ganar dinero

    No importa a qué te dediques, seguro ya ganas dinero. ¿Sabes qué hacer con ese dinero? De acuerdo con la Encuesta Nacional de Educación Financiera de 2018, dos tercios de la población mexicana han recibido educación financiera, proveniente de sus padres, principalmente.

    No obstante, uno observa a la gente e, independientemente de lo bien o mal que manejen sus finanzas, la mayoría parece que va dando tumbos y aprendiendo a la mala. Eso cuesta mucho dinero.

    Para los autores de Padre rico, padre pobre resulta primordial la educación financiera, porque lo importante no es cómo obtener dinero. Podrías tener un golpe de suerte y tenerlo ya, pero lo más importante es cómo mantenerlo y, más importante, cómo generar más.

    Muchas personas me dicen que no invierten porque ganan poco dinero y no les alcanza para más. Entiendo perfecto esa situación. Pero justo porque ganan poco dinero es que deberían estar interesados en manejarlo de mejor manera. De otro modo están condenados a siempre ganar poco, porque nunca será suficiente.

    Tener una educación financiera sólida no sólo te permitirá ver las oportunidades de inversión, sino que sabrás como aprovechar ventajas fiscales. Este es un tema muy importante para Robert kiyosaki y Sharon Lechter, pues en el libro hay una larga explicación sobre la relación entre el gobierno, los impuestos y las corporaciones.

    Afirman que el gobierno no cobra impuestos a los inversionistas, pues generan empleo, y que esto lo conocen bien las personas ricas. Ellos se refieren al sistema fiscal estadounidense y muchos de los preceptos ahí señalados no aplican en las leyes fiscales mexicanas. Pero reitero, tener una educación financiera robusta te permitirá buscar beneficios fiscales en tu país o en la entidad en la que vivas.

    ¿Es caro adquirir educación financiera? En principio te diría que es más caro no tenerla. Puede que en internet encuentres cursos baratos, caros, de todo tipo, pero en la mayoría intentarán venderte algo. Yo te recomendaría empezar por leer el blog de Bancompara. Todos los días publicamos contenido nuevo que sea de interés. Estoy seguro de que siguiendo las recomendaciones que aquí damos, pronto estarás hablando con un asesor para incrementar tu patrimonio.

    Conclusiones

    Leer este libro y la charla con Darren Weeks me cambió la vida, porque siempre creí que las personas ricas eran personas muy inteligentes, casi tocados por una divinidad. Pero ahora sé que no, que para convertirse en rico hay que ser audaz. Esto no significa ser loco y descuidado, por el contrario, significa tomar en cuenta todos los riesgos y tomar ventajas del sistema de una manera creativa.

    Mi recomendación final sería leer mucho, por supuesto, este libro, pero muchos más. Estoy pensando en una lista más amplia que recomendarles, pero ahora mismo me he quedado nuevamente en blanco. Esperemos que el ingenio de escalera llegue nuevamente a mí.

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