La buena: eres freelance. La mala: también pagas impuestos.

    Puede ser que tu como muchos otros millennials haya desafiado a las convenciones establecidas en materia laboral y hoy, cuando alguien te pregunta ¿A qué te dedicas? Contestas con una gran sonrisa. “Soy Freelancer”.

    Por definición el termino Freelancer se aplica a aquella persona que trabaja de forma independiente, generalmente con proyectos o trabajos definidos y que le dan de oportunidad de aplicar sus conocimientos o habilidades en las áreas que más le interesan o que incluso pueden ser más lucrativas.

    El origen de este anglicismo se originó en el medioevo británico. El freelance (o lanza libre) se refería a un caballero o guerrero que no servía a ningún Lord en particular y que por lo tanto podía ser contratado por cualquiera.

    Sinceramente, no sé si realmente se utilizaba este término en la Edad Media, pero lo que sí sé, es que formó parte de la novela histórica Ivanhoe, donde se hacía referencia un mercenario medieval de estas características.

    Su uso se fue volviendo más y más común hasta que a principios de 1900, el Diccionario Oxford reconoció oficialmente el término.

     

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    En la actualidad los Freelancer han tomado los Starbucks como oficinas corporativas y han logrado que incluso grandes corporaciones utilicen sus servicios como una manera efectiva de llevar a cabo ciertos trabajos.

    Este tipo de trabajo, sin embargo, tiene sus ventajas y desventajas. Si estás considerando volverte un Freelancer, seguramente estás viendo que una de las principales ventajas puede ser tu propia administración de tiempo, sin embargo, es cierto que esto también requiere de una gran disciplina y responsabilidad que, para ser sincero, no es para todos.

    Otra de las ventajas es que puedes dedicarte solamente a los proyectos o trabajos que realmente te interesan y que consideras te redituarán adecuadamente, al contrario de un trabajo fijo en una empresa donde puede que acabes formando parte de proyectos que te parecen absurdos o con actividades rutinarias que te hagan perder la razón. Un Freelancer tiene esa oportunidad de elegir. Claro, esto siempre será cierto si cuentas con un respaldo económico suficiente para darte este tipo de lujos. Seguramente si tienes algún amigo Freelancer te podrá contar que, en ocasiones, y sobre todo al inicio, este sueño dorado puede ser difícil de realizar, ya que la necesidad te puede orillar también a realizar algunos proyectos que no sean precisamente tu pasión en la vida.

    Ahora bien, entrando a estos temas financieros, la realidad es que generalmente un Freelancer puede obtener una mejor retribución que un trabajador “fijo” y esto tiene una muy sencilla razón: El Freelancer no representa un costo en prestaciones sociales o beneficios laborales para la empresa.

    Como Freelancer, debes ser muy consciente de esto, ya que probablemente durante tu juventud no lo veas como un problema, al contrario; sin embargo, en el largo plazo, el no contar con Seguro Social, Afore o incluso Infonavit puede repercutir en tus finanzas personales.

    Es por esto por lo que el día de hoy quiero platicar contigo de algunos de estos temas, comenzando por uno de los que más aterrorizan a los freelances. El pago de impuestos.

    ¿Cuándo debo comenzar a pagar impuestos?

    Como Freelancer es muy probable que tu instinto inicial sea no declarar nada y jugártela a que nunca te cache el SAT. Total, siempre hay peces más grandes que tienen toda su atención ¿no?

    Pues puede ser que sí, sin embargo, recuerda que el evadir impuestos, además de ser un delito, puede traer grandes consecuencias en tu futuro desarrollo como Freelancer.

    Si tu intención es ser un verdadero Freelancer y adoptar este estilo de vida permanentemente, seguramente tu intención será involucrarte cada vez más en proyectos de mayor envergadura y por consiguiente de mayor retribución económica.

    Esto nos lleva a que eventualmente tendrás la intención no solo de desarrollar proyectos para pequeñas empresas o emprendedores, sino también para grandes empresas multinacionales.

    Y es aquí qué hay una regla de oro: todas las grandes empresas te van a pedir facturas. Pero no termina ahí, cada vez más la cultura financiera y fiscal en nuestro país ha contribuido a que muchos pequeños negocios tengan también una mayor estructura fiscal, y para no hacerte el cuento largo, si tu no quieres pagar impuestos y facturar, la realidad es que más temprano que tarde quedarás fuera del juego.

    Mi recomendación es que incluso desde el inicio, te acerques a la delegación del SAT para consultar cuál es el régimen que aplica dependiendo de tu actividad y te des de alta. Recuerda también que esto dará mucha mayor seguridad y confianza a tus futuros clientes.

    En la actualidad existen dos regímenes en los cuales podrías aplicar, el primero es el tradicional, conocido como Servicios Profesionales y el segundo, es el famoso RIF o Régimen de Incorporación Fiscal. Este último solamente aplica en caso de que no ganes más de 2 millones de pesos al año, no seas socio de alguna persona moral y, por último, que el servicio que ofrezcas no requiera de cédula profesional.

    El RIF es uno de los esquemas más populares entre la mayoría de los freelancers que van iniciando, ya que ofrece distintos estímulos fiscales con el fin de promover la formalidad entre este segmento.

    Si llegas a optar por el régimen de Servicios Profesionales, debes recordar que tendrás la obligación de realizar declaraciones mensuales, así como realizar el pago de Impuesto sobre la Renta, Impuesto al Valor Agregado, Declaración informativa de operaciones con terceros y el envío de contabilidad electrónica mensual.

    Puede ser un poco frustrante, si nunca has tenido un trabajo formal, el darte cuenta de la cantidad de impuestos que deberás pagar, pero piensa que el constituirte correctamente siempre será una mejor opción que vivir en la informalidad.

    También te recomiendo que platiques con algún contador, probablemente tengas algún amigo o conocido que pueda asesorarte o incluso que pueda apoyarte al realizar las declaraciones y trámites necesarios.

    Prestaciones sociales

    Otra recomendación que te hago es que consideres realizar el pago de tus prestaciones sociales de manera voluntaria. Existe un esquema denominado Seguro de Salud para la familia en el cual mediante un convenio con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cualquier persona que no cuente con un esquema de seguridad social puede quedar afiliada al Instituto y gozar de los beneficios de servicios de salud.

    Se realiza un pago anual que es determinado por un tabulador con base en tu edad. Puede ir desde $3,900 pesos para personas de hasta 19 años de edad, hasta una cuota de 10,800 para personas de 80 años y más. El trámite es sencillo y te garantiza el poder obtener beneficios que van desde consultas médicas, procedimientos quirúrgicos y servicios farmacéuticos y de hospitalización.

    Este esquema funciona muy similar a un seguro de gastos médicos, por lo que, si tienes alguna enfermedad preexistente, es muy probable que existan periodos de espera para que puedan ser cubiertos por el seguro.

    Si prefieres garantizar tus servicios de salud mediante un Seguro de Gastos Médicos Mayores con una institución particular, recuerda que también debes tener algunas consideraciones.

    Estos seguros son considerablemente más caros y están diseñados para gastos originados por cualquier padecimiento o accidente. Como su nombre lo indica se trata de gastos mayores, por lo que no te serán útiles si el padecimiento resulta ser más económico que el deducible y el coaseguro que estén establecidos en tu póliza.

    La principal ventaja, claro está, es que, en caso de requerir alguna intervención o tratamiento, podrás acudir a instituciones privadas y con el médico especialista de tu elección.

    Los costos varían de institución a institución y también se basan en las características propias del seguro, pudiendo llegar a originarse primas muy elevadas en caso de seguros con múltiples coberturas específicas.

    Sea cual sea la opción que sea mejor para ti, es muy importante no descuides este aspecto y que tanto tu como tu familia cuenten con un respaldo para emergencias médicas, recuerda que esperamos que nunca se tenga que usar, pero si se requiere, el tener un seguro médico te ayudará a sobrellevarlo de una mejor manera.

    Recuerda que ser Freelancer puede ser una experiencia muy gratificante que te brinde la oportunidad de disponer de tu tiempo e incluso trabajar a distancia, pero no todo es color de rosa, piensa que la competencia es feroz, y sobre todo al inicio en lo que te forjas una buena reputación, no será fácil obtener trabajos.

    Es un reto, y como en todos los casos, entre mayor el desafío, mayor la recompensa, así que no te desanimes, busca formas creativas y originales de promover tus servicios y en una primera etapa déjale saber a todos tus amigos y familiares de tu especialización. Es muy probable que de tu círculo más cercano puedas conseguir tus primeros clientes.

    Se responsable y profesional, piensa que tu trabajo es tu única carta de presentación y la única forma de que te vuelvan a contratar.

    El ser Freelancer, como cualquier forma de vida, no es para todos, pero no pierdes nada al intentarlo, incluso puede funcionarte como un ingreso adicional en caso de que decidas que no quieres vivir continuamente con la incertidumbre e inestabilidad que para algunos puede resultar el freelancear.

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