Transparentar la situación económica con tu familia, te podría ayudar a resolver problemas.

Vivimos tiempos de una exagerada corrección, donde ser feliz no es un derecho que se gane con trabajo y esfuerzo, sino una obligación y ¡Ay de aquel que no la cumpla! Por eso nos empeñamos en vivir en un mundo color de rosa, máxime cuando se trata de nuestros hijos. Tratamos de protegerlos de todo aquello que huela a realidad y los angustie.

El dinero, o mejor dicho su falta, es un tema muy angustiante y probablemente de los que menos se comparten, ya no se diga con los hijos, a veces ni con la pareja. Por eso decía mi abuelita “Cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana”.

Se sabe que lo que no se habla se actúa y aunque no se hable con los hijos sobre las deudas, el comportamiento de los padres evidencia una mala situación. Las deudas aumentan la tensión en la convivencia familiar. Se ha observado que las parejas endeudadas pasan menos tiempo juntas, ya sea por trabajar más y tratar de salir de las deudas o por evadir la situación, y cuando llegan a estar juntos se pelean más a menudo y son menos felices.

También se ha demostrado que cuando el dinero es el tema de la discusión suelen durar más las peleas, y llevar a situaciones de mayor violencia, por ejemplo, gritos o golpes y provocar nuevas disputas. No es de extrañar, por tanto, que los desacuerdos económicos se hayan convertido en una de las principales causas de divorcio.

Además de afectar la convivencia familiar, algunas veces de manera irremediable, las deudas también suponen un riesgo alto para la salud. No es poco común escuchar a una persona que está endeuda sufrir de dolores de cabeza, problemas estomacales como gastritis, colitis, además de depresión, ataques cardiacos e insomnio. Este coctel de malestares muchas veces provoca en las personas errores o falta de atención que ponen en riesgo su permanencia en el trabajo. En casos extremos, algunas personas prefieren suicidarse por no encontrar una salida a su situación económica.

El escenario que acabo de describir para nada es deseable, pero tampoco es muy ajeno a la realidad que muchos hemos vivido y “proteger” a los niños apartándolos de la situación no es una salida. Porque los niños puede que no sepan qué está provocando una situación tan hostil en su entorno familiar, pero lo están padeciendo.

¿Cómo viven los hijos de los padres endeudados?

En mi experiencia, viven ajenos a las circunstancias y por lo mismo podrían estar profundizando la situación. Porque es muy difícil para cualquier persona aceptar cuando está pasando por una situación de crisis económica y tener que recortar gastos, pero es aún más difícil tener que recortar los gastos de los hijos. Muchos padres de familia me han comentado que han preferido no comer, pero que sus hijos sigan disfrutando del mismo nivel de vida que tenían cuando gozaban de una mejor situación económica.

Entonces, por un lado tenemos a unos padres sumamente estresados, angustiados, peleando cada vez más y probablemente ejerciendo violencia, por otro lado tenemos a los hijos viendo a sus padres pelear sin saber exactamente por qué y gastando dinero como antes, incluso puede ser que más, porque pueden estar deprimidos o descuidados.

Definitivamente no creo que se la manera correcta de afrontar una problemática de este tipo, pero ¿Cómo enfrentarla entonces? Creo que la mejor manera sería en equipo, pero muchos padres me dicen que no, porque sienten que comunicar los problemas económicos a los niños tendría por lo menos dos consecuencias: 1) los niños se estresarían, probablemente se sentirían culpables; 2) los padres perderían autoridad respecto a sus hijos.

Hacernos conscientes del valor del dinero.

Este me parece el paso más importante y no se necesita estar en crisis económica para hacerlo. Los mismos adultos hemos ido perdiendo el significado del valor del dinero motivados por una sociedad que compra compulsivamente. De hecho, la mayoría de los niños no son conscientes de dónde sale el dinero, qué significa y cuánto esfuerzo es necesario para conseguirlo. A través de pequeños gestos y hábitos cotidianos, te propongo transmitir este conocimiento.

  • Lleva a los niños a comprar la despensa y muéstrale la diferencia entre un precio barato y uno caro, esto le enseñará a discernir entre las ventajas de un producto y otro.
  • Explícale que el dinero se gana con el esfuerzo del trabajo y que siempre es limitado. Si es preciso, lleva tus hijos a tu trabajo, que se hagan conscientes que las cosas no llegan por arte de magia a su casa.
  • No les compres todo tan pronto como lo pidan, les puedes enseñar el valor del ahorro y el esfuerzo para conseguir algo que desean.
  • “Contrata” a tus hijos para que hagan algunas tareas domésticas extras, o mejor aún, incítalos para que saquen provecho de algún conocimiento, habilidad o talento particular para obtener dinero de manera honesta.
  • Recuerda que los niños en edades muy tempranas imitan todo lo que hacen sus padres, porque deberás predicar con el ejemplo.

Trabaja en equipo.

Sé que el primer impulso es encontrar un culpable y cargarle a esa persona toda la responsabilidad, pero eso no resuelve la situación, si acaso la empeora. Es probable que haya un culpable de la situación, pero toda la familia deberá hacerse responsable, es mejor ver como a un enemigo común a la deuda, porque eso propiciará la unión de la familia.

Encuentra un tiempo y espacio propicio para comunicar la situación económica por la cual se atraviesa. Si se cometieron errores acéptenlos rápido y más bien concéntrense en buscar soluciones. De no involucrar a los niños en la problemática se corre el riesgo de que los niños pidan cosas a sus padres no estén en condiciones de dar, y con ello la presión hacia los padres crecerá. No es justa esa situación para los padres. Si se han de ajustar gastos, será más efectivo que todos estén en la misma sintonía.

No hay plazo que no se cumpla.

Como decía en líneas anteriores, cuando uno enfrenta una crisis económica es común pasar por una etapa de negación, y uno sigue con su vida normal y eso hace que empeore la situación. Pero mientras más pronto nos hagamos consciente de la problemática y se ataque, más pronto podremos estar en condiciones de pensar en nuevas épocas de bonanza. Pero antes:

  • Anota todo el dinero que ganas y todos los gastos que tienes y haz un primer corte a las dos semanas, analiza los datos obtenidos y verás en donde estás haciendo gastos innecesarios o infructuosos. Repite esto hasta que tus gastos sean menores a tus ingresos y puedas afrontar las deudas.
  • Podrían hacer horas extras, turnos adicionales o trabajos de temporada, o dar clases particulares. Si los niños saben la razón por la cual sus padres se ausentan de su casa, no sólo lo entenderán, sino que seguro se comprometerán con la causa.
  • Cambia tus hábitos, por ejemplo, podrás hacer uso del transporte público, o reducir el tiempo en la regadera, eso ahorrará mucho gas, agua, y de paso es bueno para el planeta. También pueden cambiar las costumbres de alimentación por unas más económicas y probablemente más saludables.

Ahora que ya como familia han hecho un plan para atacar las deudas entonces analiza al “enemigo”. Primero averigüen la tasa de interés de cada deuda, así como los pagos mínimos y las penalizaciones por retraso o incumplimiento.

Después decide qué deudas saldar primero. Una estrategia sería liquidar la deuda que tenga la tasa de interés más alta. Otra estrategia consistiría en empezar cancelando las deudas menores, esto reduciría la cantidad de pagos mensuales, y sería una victoria para la familia que les subirá la moral al ver que sus esfuerzos tienen recompensas. Considera también la opción de consolidar las deudas.

No se obsesionen.

Una vez que se han tomado las decisiones correctas sólo será cuestión de tiempo salir del bache, pero algunas veces ese tiempo no es tan corto como a uno le gustaría. Por eso recomiendo que sin perder de vista el asunto, lo saquen de su vida cotidiana y sólo, cada cierto tiempo que consideren oportuno, se comunique a la familia los avances obtenidos. De otra manera la espera se hará muy larga y podrán acusar desesperación algunos miembros de la familia.

¿Las deudas son malas?

Para nada, las deudas no son malas ni buenas, el propósito o la intención con la que las adquirimos es lo que hace buena o mala una deuda. No es una regla, pero si te endeudas con el propósito de aumentar tu gasto en pasivos, es decir, ropa, comida, teléfonos, etc., eso se puede calificar como una deuda mala, porque estás inflando una burbuja que, más temprano de lo que crees, estallará y tendrás que vivir de acuerdo a lo que ganas.

Si la deuda por el contrario, tiene el propósito de mejorar tu situación, brindándote mayores comodidades, por ejemplo comprar una casa, es una deuda buena. Aun así, hay que saber endeudarse y lo mejor es tener a un asesor que clarifique tus dudas, llama al teléfono de Bancompara, y obtén el mejor consejo de los mejores asesores para que compres tu casa.

Ser hijo de padres endeudados no es una situación mala en si misma ni genera traumas. Lo que sí es malo, puede generar traumas y no sólo eso, sino también conductas repetitivas, es no poner un remedio. Si eres padre de familia y estás pasado una situación económica complicada, no te agobies, es una oportunidad inmejorable para que les enseñes a tus hijos una lección que les servirá para el resto de sus vidas.

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