Empezamos a manejar dinero a una edad muy temprana sin reparar en lo que significa.

Nuestros padres invierten muchos recursos materiales, emocionales y financieros para darnos herramientas que nos ayuden a enfrentar de mejor manera los retos de la vida, sin embargo, pocas veces nos preparan para cosas que son igualmente importantes, por ejemplo, las relaciones personales (familiares o de pareja) y el dinero. No hablaré de las relaciones personales, porque a pesar de tener vasta experiencia, aún estoy lejos de autodenominarme experto. Mejor hablaré del dinero.

En mis primeros años como estudiante de economía leí el libro El Dinero, de dónde vino / adónde fue, de John Kenneth Galbraith. Entonces me hice consciente de la importancia que tiene el dinero en nuestras vidas, pero lo tenemos tan trivializado que pocos nos damos cuenta, y empezamos a manejar dinero a una edad muy temprana sin reparar en lo que significa.

No quiero hacer una generalización, porque estaría cometiendo un craso error, pero veo que la gente joven, por ejemplo los que están en el último año de universidad, suelen tener una relación “complicada” con el dinero. No me refiero sólo a la frugalidad de gastar como si tuvieran una fuente inagotable de ingresos, también al hecho de que muchas veces hacen uso de la deuda sin pensar en las consecuencias, lo cual los podría poner en aprietos y condicionar su futuro. Por eso te voy a dar tres claves financieras que espero te sirvan, porque dificultades seguro habrá, pero si eres hábil no enfrentarás crisis.

1.- Aprende el valor de cada peso.

Cuando somos muy jóvenes y nuestros padres nos proveen de todo, carecemos de ese sentido del valor del dinero. De pronto nos parece fácil gastar cualquier cantidad de billetes y monedas en cosas que no nos aportan gran valor a nuestra vida sin reparar el trabajo que costó tener ese capital. Lo peor es que cuando ya trabajamos y tenemos nuestros ingresos, arrastramos esa mala costumbre.

Por ejemplo, todos los días gastaba entre 50 y 70 pesos en café y pan. Al cabo de dos meses mis camisas me quedaban más apretadas y sentía que mi salario no alcazaba para nada. Ese fue el primer signo para darme cuenta de que estaba gastando alrededor de 300 pesos semanales en algo que no me hacía tan feliz y estaba deteriorando mi salud. Dejé de gastar ese dinero en café y pan. Al final de mes tenía poco más de mil pesos que me permitieron tomar cursos de capacitación. Gracias a eso después obtuve otro trabajo mejor pagado. Analiza en qué gastas tu dinero y qué repercusión tiene en tu vida.

No sólo el llamado “gasto hormiga” es nocivo para tus finanzas, también te invito a que cuestiones otros gastos más significativos, los gastos que haces en gimnasio, telefonía celular, restaurantes, viajes etc. ¿Corresponden a tu estilo de vida, o haces un esfuerzo mayor para tener cosas y cumplir con un estatus que te has impuesto?

Es muy fácil caer “victima” de las redes sociales y gastar en restaurantes o viajes buscando los lugares más instagrameables, gastando dinero en cosas que en el largo plazo resultaran improductivas. Si piensas salir a divertirte o probar la gastronomía de algún lugar, explora nuevas propuestas y apoya el comercio local, ahorrarás mucho dinero y probablemente descubras cosas interesantes. En cuanto a viajes, ve a lugares que sean realmente significativos para ti y no sólo a aquellos que estén de moda. En este punto no buscaría ahorrar dinero, sólo que la experiencia sea más enriquecedora.

Ya que tocamos el punto de la comida, es bueno recordar que no tienes que ser un chef profesional ni saber preparar miles de platillos. Si sabes preparar sopa, un buen arroz y tres o cuatro guisados, serás menos dependiente de comprar comida. Esto no sólo lo agradecerá tu cuerpo, sino también tu bolsillo.

Dime con quién te juntas y te diré quién eres, solía decir mi abuelita. Si te rodeas de gente muy fiestera a la que incluso algunas veces le tienes que “prestar” dinero. Si quieres ser una persona responsable deberás rodearte de gente responsable.

Trabaja el desapego material. Lo más deseable sería que uno nunca enfrentara dificultades económicas, pero por más prospera que sea una persona siempre habrá mejores épocas que otras. No tener apego en las cosas materiales te permitirá reaccionar rápidamente cuando vislumbres una época de vacas flacas, y no será tan dolorosa.

2.- Cultura Financiera.

Aprender siempre pasa factura, y aprender a usar el dinero y las consecuencias que trae, probablemente sea una de las facturas más caras que tengamos que pagar. Por eso es relativamente común que los jóvenes adquieran deudas que luego no pagan, sin tener en cuenta que ese hecho tendrá repercusiones que limitarán su desarrollo.

Construir un buen historial crediticio en estos días es indispensable para adquirir bienes que nos harán la vida más fácil en el futuro cercano. Al no tener una buena reputación crediticia podrías quedar condenado a rentar un departamento por mucho tiempo más del que desearías o a tener que recurrir a préstamos que no sean convenientes y que lastimarían aún más tu salud financiera, y con ello tus perspectivas de crecimiento.

Como padres, involucrémonos más en el desarrollo de un buen historial crediticio de nuestros hijos. Desde muy temprana edad, préstales dinero y oblígalos a que lo paguen. Cuando sean más grandes, dales una tarjeta de crédito adicional y explícales su funcionamiento, hazlos responsables de las compras que realicen y haz que las paguen. Esta es una manera de darles educación financiera y de hacer que sepan que los créditos se deben pagar. Les facilitará mucho la vida.

Una de las cosas en las que casi nadie repara en lo que refiere a la educación financiera es el pago de impuestos. Es cierto que a muchas personas les descuentan los impuestos de su salario, “los contribuyentes cautivos” se les denomina, y estos contribuyentes dan por sentado el descuento, pero la verdad es que sería bueno ser asesorado por un experto que te ayude a desarrollar una estrategia en la cual puedas aprovechar estímulos fiscales.

3.- Tus ingresos.

El primer empleo es más importante de lo que uno se imagina. Cuando me titule como economista y buscaba mi primer empleo, lo único que me importaba era colocarme en alguna empresa y ganar experiencia. Con el tiempo aprendí que cometí un gran error. Hoy sé que uno debe elegir el primer empleo en función de las habilidades que quiere desarrollar.

Otro error que cometí fue aceptar el sueldo que me ofrecieron. En mi experiencia, creo resulta complicado negociar el sueldo en México, en especial cuando uno carece de experiencia. Pero estudios señalan que los candidatos a una posición, que negocian su salario, se muestran más confiados en sus habilidades y son más valorados por las empresas. Además, si cambias de empleo, el sueldo que te ofrezcan tomará el anterior sueldo como referencia, pedir un salario más alto desde el principio puede marcar una gran diferencia en tus ingresos de por vida.

Hablando del largo plazo, abre fuentes adicionales de ingresos. Si eres uno de los privilegiados que trabajan para una empresa y esta hace aportaciones al fondo de retiro (AFORE), puedes hacer aportaciones voluntarias que tendrán una mayor rentabilidad o incluso puedes invertir en otros medio. El sector financiero es sumamente dinámico y podrás encontrar medios para invertir muy diversos. Cuando hagas inversiones recuerda estos tres principios básicos: maximiza las aportaciones, minimiza las comisiones y diversifica las inversiones.

Fomenta tu espíritu emprendedor. No importa si empiezas tu vida laboral dentro de una empresa, aprende a proponer y dirigir tus propios proyectos dentro de la compañía. Adquirirás experiencia y si en el futuro te quieres independizar te será mucho más fácil.

Siempre se recomienda ahorrar al menos el 10% de los ingresos, pero cuando uno es joven, típicamente los ingresos son bajos y el ahorro significa tener dinero “parado” en tiempos en los que tal vez no sea lo más conveniente. Te propongo una alternativa; invierte en capacitación. Cuando una persona está en sus 20`s probablemente sea más beneficioso invertir en cursos que ahorrar el 10% de tu sueldo. Ahora que tocamos el tema de la capacitación, sea cual sea el camino que elijas y tu profesión, invierte en un curso para manejar hojas de cálculo, te será de gran utilidad.

Finalmente, revisa que tipo de relación tienes con el dinero. No es bueno ni que lo tires como si no hubiera un mañana, ni muchos menos que lo acumules sin hacer nada con él. Hay un dicho muy popular que dice que el dinero no compra la felicidad. Creo que hay cierta verdad en eso: pienso que la felicidad proviene de usar sabiamente el dinero que se tiene. El dinero debe servir a las personas para protegerse de eventos que quiten la tranquilidad y para crear experiencias hermosas con las personas que conforman tu vida.

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