¿Por qué los mexicanos no aseguran sus cosas?

En México nunca nos vamos a morir, o por lo menos eso parecería cuando sale a colación el tema de los seguros. Tampoco se nos va a quemar la casa, o si chocamos va a ser por un descuido ajeno. Cuando pensamos en desgracias no creemos que nos puedan pasar a nosotros y hasta llegamos a creer que hablar eso es de mala suerte: “Qué se te haga la boca chicharrón”, “Ni digas” o “Cancelado” son frases típicas para contrarrestar la sola mención de una tragedia.

Pero hay mejores frases, también muy mexicanas, que pueden ayudarnos a vivir más tranquilos y a no necesitar “tocar madera”.

Mexicano prevenido vale por dos

e acuerdo con la encuesta nacional de inclusión financiera realizada en el 2018 por el INEGI, solo el 23.6% de los mexicanos tenemos contratado algún tipo de seguro. Esto quiere decir que el 76.4% restante deberá pagar de su propia bolsa los gastos derivados de un choque, un robo, un incendio, una atención médica o hasta la muerte.

Pero la misma encuesta nos dice que sacar este dinero no es posible, ya que solo el 0.9% de los mexicanos encuestados tiene un ahorro destinado a hacer frente a este tipo de eventualidades. Basta con ver las redes sociales para darnos cuenta del problema: gente solicitando ayuda en diversas plataformas para pagar hemodiálisis, reconstruir un negocio o reparar una casa. Gente que al momento de una eventualidad usa estos medios como último recurso.

Caras vemos, seguros no sabemos

Del 23.6% de los mexicanos que tienen contratado algún seguro, el 67.1% tiene un seguro de vida. Este número suena muy bien, pero en proporción es solo el 15% de la población total. Esto deja desprotegida el 85% restante de la población.

En gastos médicos mayores la cifra es aún más desalentadora: menos del 6% de la población cuenta con seguro. La única buena noticia es que 6 de cada 10 mexicanos cuentan con seguro social[1] y por lo tanto no se encuentran totalmente desprotegidos en caso de requerir servicios de salud o alguna indemnización. Aun así, estamos dejando de lado a los otros 4 mexicanos de cada 10, quienes en caso de tener una enfermedad catastrófica no tendrán manera de pagar por su atención.

Por si fuera poco, hay otro dato alarmante. En vida, el 66% de los seguros no fue contratado por el asegurado, y en gastos médicos mayores este porcentaje sube al 71%. Es decir que alguien los compró por ellos. En el caso de gastos médicos lo más probable es que sea una prestación laboral adicional al IMSS. En el caso de seguros de vida el tema se complica: podría ser una prestación laboral, pero también podría ser un seguro para proteger a un banco o institución financiera como protección de impago de un crédito.

Pongamos un ejemplo: si tengo 10 niños y 10 naranjas, a cada niño le toca una naranja. Otra forma de distribuir las naranjas sería darle 2 naranjas a cada uno, pero entonces habría 5 niños con dos naranjas y 5 niños sin naranjas. Esto es lo que está pasando con los seguros de acuerdo con estos números. Con estos datos no podemos saber exactamente cuántos mexicanos tienen dos seguros del mismo ramo, pero al parecer es más común de lo que imaginamos.

El que parte y reparte se lleva la mejor parte

En el seguro de casa habitación la historia es muy particular. El 2.25% de la población tiene contratado un seguro de casa, pero de este 2.25% el 66% no lo compró directamente. Muy probablemente estos seguros sean los que vienen con un crédito hipotecario.

El lado malo de este tipo de seguros es que suelen amparar solo los saldos insolutos. En caso de siniestro los seguros que vienen con el crédito solo servirán para pagar lo que haga falta pagar para saldar el adeudo, pero quien compró la casa no verá un solo peso de ese dinero. Se quedará sin deuda y sin casa. A quien protegen: a las instituciones financieras.

Además, los seguros que se contratan personalmente tienen la enorme ventaja de la personalización. Los seguros de casa pueden amparan daños como: terremoto, inundación, robo dentro del domicilio, robo fuera domicilio, caída de árboles, accidentes personales para los habitantes de la vivienda y hasta proteger gatos o perros. Obviamente el seguro que contrata la hipotecaria no tendrá ninguna de estas coberturas.

Es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo

El en seguro de automóvil tenemos mejores noticias. Es el segundo seguro con mayor penetración de mercado con el 38.8%. Pero, además, el 69.6% de los seguros de auto fueron contratados por el usuario.

Esto puede deberse a que hay estados de la república donde el seguro de responsabilidad civil (el que paga los daños que ocasionamos con nuestro vehículo a un tercero en sus bienes o en sus personas) es obligatorio.

Otro factor que ha ayudado a la penetración del seguro de automóvil, sobre todo en su parte de responsabilidad civil, son las enormes cantidades para pagar en caso de lastimar o matar a otra persona en un accidente de automóvil. Dependiendo del estado y de las circunstancias del evento, estas cantidades pueden llegar hasta los cuatro millones de pesos.

Si a eso le sumamos las veces a la semana que nos encontramos un accidente de tráfico en nuestro andar diario, se comprende que estemos todos mucho más sensibles en este tipo de seguro.

Mexicano que se duerme, se lo lleva la corriente

La encuesta del INEGI nos da 7 razones por la que los encuestados no tienen seguros contratados:

1. 28.8% No los necesita o no le interesan

2. 25.4% No tiene dinero, no tiene trabajo o sus ingresos son variables

3. 16.6% Son muy caros

4. 11.7% No sabe qué son, cómo funcionan o dónde solicitarlos

5. 10.7% No se lo han ofrecido

6. 4.5% No confía en las aseguradoras

7. 0.9% Tiene ahorrado para imprevistos

La razón número 1 por la que la gente no contrata seguros es la creencia de que no los necesitan. Si le preguntamos a agentes de seguros y a funcionarios de las aseguradoras por qué en México no nos aseguramos, la respuesta es casi siempre igual: en México no hay cultura de los seguros. Hasta en las capacitaciones de ventas se habla de la importancia de la sensibilización: recordarle a la gente que se va a morir, que se puede enfermar, que puede perder su patrimonio. Nadie cree que va a pasar hasta que sucede.

Primero lo primero

También existe la creencia de que los mexicanos preferimos gastar en otras cosas. En ventas hay una historia que se cuenta y se vuelve a contar para sensibilizar: una señora evitó que su esposo contratara una póliza de vida donde ella era beneficiaria y le pidió que mejor cambiaran el refrigerador. Al poco tiempo el señor falleció y la esposa lloró amargamente su decisión.

La segunda razón por la que no contratamos seguros es que el 25.4% de los mexicanos no tiene dinero, no trabaja o sus ingresos son variables. Además, el 16.6% cree que los seguros son caros. Si recordamos lo pequeño que es el salario mínimo en comparación del valor de la canasta alimentaria y no alimentaria, quizá podamos ver la historia del refrigerador desde otra óptica: una persona que no tiene refrigerador o qué poner dentro de su refrigerador dejará la contratación del seguro en un segundo plano. No es falta de ganas, es falta de dinero y de productos que se adapten a todos los segmentos de la población.

El que sabe, sabe. Y el que no, pues no

El 11.7% de los mexicanos no sabe qué es, cómo funciona o cómo contratar un seguro. A todos nos enseñaron cómo calcular la raíz cuadrada en la primaria, pero nunca nos explicaron qué es un seguro, cómo funciona una tarjeta de crédito o qué hace un banco. Necesitamos mucha educación financiera y no sólo de seguros. Nadie puede querer algo que no conoce. Yo puedo estar muy preocupada por mi patrimonio, mis seres queridos y mi salud, pero si no conozco mis opciones, jamás resolveré el problema.

Parece increíble, pero, además, hay un 10.7% de los mexicanos a quienes nunca les han ofrecido un seguro. Nunca ha habido un funcionario bancario que los aborde en la ventanilla para ver si quieren asegurar su carro; nunca les han marcado a deshoras para ofrecerles un seguro contra accidentes por solo 2 pesos diarios ni se ha acercado un agente de seguros a ofrecerles su producto.

Los canales de distribución clásicos de los seguros son los bancos y los agentes de seguros. Sólo el 47% de la población en México tiene acceso a una cuenta de débito (no hablemos de crédito) y en el 32% de los casos la razón es la fala de ingresos suficientes. Por lo tanto, los bancos jamás le ofrecerán un seguro al 53% de la población.

En el caso de los agentes, los productos que suelen ofrecer están diseñados para la clase media alta, razón por la cual no llegan a todos los segmentos de la población, simplemente por costo. Ha habido diversas aproximaciones del sector para crear productos más accesibles, pero no han tenido el éxito esperado.

Los seguros básicos estandarizados están diseñados para ser muy sencillos e iguales en todas las aseguradoras, además de ser económicos. También hay seguros que se venden en tiendas de conveniencia y se activan llamando a un teléfono sin costo. Aunque son buenos intentos, estos productos aún no logran una penetración de mercado que marque la diferencia.

Al que a buena institución se arrima, buena protección lo cobija

Solo el 4.5% de los mexicanos no confía en las aseguradoras. Aunque hay quejas, errores y problemas, al parecer este no es un factor tan importante para la no contratación de seguros.

En México el mercado asegurador está supervisado por la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF) quién se encarga de revisar que las aseguradoras tengan reservas suficientes para pagar todas las indemnizaciones. Además, revisa y autoriza las cláusulas de los contratos de seguro tratando de que se mantenga un equilibrio entre los intereses de las aseguradoras y los usuarios.

Además, cada aseguradora tiene una unidad especializada de atención a clientes (UNE) donde se canalizan todas las inconformidades, y si esta no las resuelve, se puede acudir a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) a un proceso de conciliación. Nada de esto requiere un abogado, aunque se recomienda que el agente de seguros apoye al asegurado con la parte técnica de la reclamación y si al final no se logra nada, puede procederse legalmente ya con un abogado.

A Dios rogando y con el mazo dando

La encuesta de inclusión financiera del INEGI en su parte sobre seguros nos deja con un sabor agridulce: por un lado, la cantidad de mexicanos sin protección es alarmante, pero, por otro, las razones son claras.

Todos tenemos mucho por hacer: el gobierno necesita una política económica y social que permita a más mexicanos gastar más allá de lo indispensable para vivir. Las instituciones financieras deben crear productos para llegar a todos los segmentos de la población. Los mexicanos tenemos la obligación de informarnos y educarnos sobre cómo proteger mejor nuestro patrimonio y a nuestros seres queridos.

Porque, aunque creamos que no nos vamos a morir, no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

 

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Bibliografía

https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/414832/Libro_Tabulados_ENIF2018.pdf

[1]http://www.imss.gob.mx/prensa/archivo/201807/191

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