Tienen importantes diferencias y van enfocados a perfiles y objetivos distintos.

En varias ocasiones hemos hablado acerca de los diferentes tipos de créditos y la gran herramienta que pueden llegar a ser en caso de que sepamos utilizarlos de una manera correcta y responsable.

El día de hoy quiero platicarte de dos de los esquemas crediticios más comunes en nuestro país y que de los cuales estoy bastante seguro has formado, o formas parte actualmente: Las tarjetas de crédito y los préstamos personales.

Puede que pensaras que se trata del mismo producto o que su funcionamiento es muy similar, pero la realidad es que tienen importantes diferencias y van enfocados a perfiles y objetivos distintos.

En primer lugar, quisiera definir de manera breve ambos productos.

Tarjetas de Crédito

Se trata de un medio de pago que cuenta con una línea de crédito revolvente para realizar compras en comercios.

Las tarjetas de crédito fueron pensadas, más que como una línea de crédito para adquisición de activos o para cubrir imprevistos, como un medio de pago, por lo práctico que resulta ser el no tener que cargar con efectivo.

Sin embargo, hoy en día mucha gente confunde este medio de pago con un ingreso adicional, lo que los lleva a utilizarlas en temas como gastos diarios, pago de servicios, etc. Sin la conciencia de que esos gastos deberían ser absorbidos por los ingresos mensuales.

Funcionan a través de emisores internacionales como son Visa, MasterCard o American Express y tienen validez a nivel mundial.

Lamentablemente en nuestro país las tarjetas de crédito son el tipo de financiamiento que tiene un mayor índice de morosidad. Este punto puede incluso considerarse el mismo inicio del problema de las tarjetas de crédito ya que entre más alto sea el índice de morosidad de un producto financiero, más riesgo representa para la institución financiera y por ende el costo será más alto. Como quien dice, nosotros mismos hemos hecho que las tarjetas de crédito en México cobren tasas, en algunos casos, fuera de toda proporción.

Ahora bien, en cuanto a la parte de que se trata de un producto revolvente, esto significa que el crédito del cual se hizo uno acreedor al contratar la tarjeta, puede ser dispuesto y liquidado cuantas veces quieras. Es por esto por lo que cada vez que realizas una compra o realizas un pago, el límite de crédito de tu tarjeta que aparece en tu estado de cuenta se modifica respecto a ello.

Créditos Personales

Los créditos personales son líneas de crédito simple que los bancos ofrecen a sus clientes y que, aunque no tienen un destino definido, generalmente se utilizan para la adquisición de activos para salir de algún imprevisto o incluso para liquidar otros créditos.

Generalmente los bancos otorgan este tipo de créditos a personas que ya cuentan con historial con ellos, ya sea a través de una cuenta de nómina o alguna cuenta de cheques o inversión.

Esto les permite tener la certeza de que existen recursos para liquidar el crédito y que se encuentran a disposición de la institución.

En la actualidad su contratación es muy sencilla, incluso puede que en alguna ocasión hayas recibido una invitación a un préstamo personal a través de cajeros automáticos, correo electrónico o incluso mensajes de texto.

Generalmente ya se encuentran preautorizados y basta con un par de clics para que el dinero se deposite directamente en tu cuenta.

En cuanto a los pagos, los créditos personales generalmente aceptan pagos anticipados o incluso totales sin penalización lo que te puede permitir disminuir el monto de tus pagos mensuales o el plazo.

Diferencias

La primera diferencia que podemos notar es la revolvencia; como hemos platicado, en las tarjetas de crédito se trata de un medio de pago donde la revolvencia de la línea de crédito es necesaria para el propio funcionamiento del producto. Imagina una tarjeta de crédito donde solamente pudieras utilizar la línea de crédito una sola vez, no hace mucho sentido ¿verdad? En cambio, en los créditos personales se dispone el monto del crédito generalmente a través de un depósito que realiza el banco a tu cuenta bancaria, y lo que pase después ya no es asunto de ellos.

La segunda diferencia que salta inmediatamente a la vista y que se relaciona directamente con la anterior son los pagos. En el caso del préstamo personal al tratarse de una sola disposición y con un plazo establecido y pactado desde el inicio, es muy sencillo establecer una tabla de amortizaciones del crédito, lo que generalmente nos da la posibilidad de saber de cuánto serán nuestros pagos durante toda la vida del crédito. Esto brinda certidumbre y la posibilidad de realizar una planeación detallada de nuestros gastos mensuales. En el caso de las tarjetas de crédito puedes realizar pagos totales del saldo o cuando menos pagos mínimos, que son calculados en base al capital adeudado más los intereses del periodo.

En tercer lugar, encontramos el costo; sin lugar a dudas los créditos personales son más económicos que las tarjetas de crédito, esto por un lado se debe al factor de la revolvencia, que por sí misma conlleva un mayor riesgo y por otro a que las tarjetas de crédito no están vinculadas a ninguna cuenta que permita su cobro.

Es por este punto que en muchas ocasiones hay personas que, al verse envueltas en cuantiosas deudas de tarjetas de crédito, optan por solicitar un préstamo personal para liquidar la tarjeta y posteriormente realizar el pago del préstamo bajo un esquema de pagos fijos y con una tasa que puede ser considerablemente menor.

Esta es una herramienta especialmente útil en casos en que únicamente estás en posibilidad de realizar pagos mínimos y puede ser una estrategia viable cuando nos encontramos pasando por algún bache financiero. Dentro de esta estrategia no debes descartar tampoco el analizar la reestructura de otro tipo de créditos como puede ser tu crédito hipotecario, para esto la mejor opción puede ser recurrir a expertos como Bancompara.mx, donde te pueden asesorar y brindarte un abanico de opciones de créditos hipotecarios para que puedas acceder a mejores condiciones.

Recuerda que, tanto en el caso de las tarjetas de crédito como de los préstamos personales, las instituciones financieras requieren que cuentes con un buen historial crediticio para poder otorgártelo. Por lo que no descuides tus pagos para que siempre puedas tener esa “veleta prendida” que te permita tener la posibilidad de acceder a ellos.

Es importante que en el caso de los préstamos personales seas cuidadoso también con el destino del crédito, todos sabemos que aveces es muy fácil que el dinero en efectivo se vaya de nuestras manos sin apenas darnos cuenta de en qué fue que lo gastamos, por lo que te recomiendo que antes de disponer de un crédito de este tipo tengas bien definido para que lo quieres usar y valores si es realmente importante.

Ambos tipos de crédito tienen sus pros y contras y dependerá mucho de qué es lo que busques, en el caso de las tarjetas de crédito generalmente puede ser uno de los primeros productos crediticios que nos ofrezca el banco y si lo sabemos utilizar puede incluso ayudarnos a obtener un buen historial crediticio. Recuerda qué hay distintos tipos y con diferentes condiciones, por lo que es importante que compares entre instituciones y tipos de tarjetas. Las tarjetas de crédito también incluyen una serie de beneficios adicionales como pueden ser beneficios en viajes, compras, etc.

Por su lado los préstamos personales generalmente te ofrecen mejores tasas entre mejor cliente del banco seas, es decir si cuentas con varios productos de la institución o incluso si tienes cantidades importantes en el banco, es muy probable que te ofrezcan tasas y condiciones muy atractivas. Estos créditos generalmente incluyen algunos seguros como puede ser el de desempleo, invalidez o vida, pero fuera de eso no te brindarán mayores beneficios adicionales.

Ten en cuenta que en ambos casos se trata de compromisos de pago que adquieres y es muy importante que seas cuidadoso y responsable con su uso.

En el caso de los préstamos personales, te recomiendo utilizarlo únicamente si tienes un destino bien definido o en una situación en la que financieramente haga sentido contraer esta de deuda. En cuanto a las tarjetas es cierto que es positivo contar con al menos una de ellas, incluso si solo quisieras hacer uso de promociones como pueden ser meses sin intereses.

En ambos casos puedes utilizar el CAT como un medio comparativo al momento de analizar la mejor opción. Como sabes el CAT considera todos los costos y gastos asociados a un crédito por lo que entre menor sea el CAT, menor será el monto que pagarás por tu crédito.

Por último, te recomiendo que te acerques a tu institución financiera y platiques cuáles son tus necesidades específicas para saber cuál es el producto que más te conviene, recuerda que además de estos dos créditos existen muchas otras herramientas financieras que pueden ayudarte a cumplir tus objetivos.

La realidad es que no puedo decirte que una herramienta sea mejor que otra, simplemente dependerá de lo que tu necesites.

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